La decisión de los jóvenes que iniciaron la protesta por el asesinato del abogado Rodrigo Rosenberg, de convertir su movimiento en un clamor por justicia por todos y cada uno de los muertos provocados por la violencia en esta pobre Guatemala, nos parece absolutamente correcta porque en verdad es tan larga la lista de víctimas cuya muerte ha quedado impune, que no se puede centrar el interés en un caso, por mucho que tenga cuestiones que lo convierten en paradigmático.
Los guatemaltecos tenemos que entender que el mal está en un sistema que no permite administrar eficientemente la justicia y que, por esa permisividad, alienta a los criminales para que sigan matando gente todos los días sin el menor temor a sufrir consecuencias legales por sus actos delictivos.
Rosenberg lo que hizo fue sacudir conciencias, pero con el paso de los días tenemos que asumir la importancia de ver el problema de fondo que no se limita a uno de los crímenes, sino a la estructura de nuestra sociedad que está descalabrada porque se cimentó un régimen de impunidad que nos costará mucho cambiar. Pero que por mucha ayuda que nos ofrezcan instituciones como la CICIG, no se resolverá si los guatemaltecos no asumimos que la responsabilidad es nuestra y que la tarea de generar cambios es nuestra obligación.
Perdimos la capacidad de condolernos por el sufrimiento ajeno y nuestros corazones se fueron endureciendo. El vídeo de Rosenberg sirvió para sacar a muchos del letargo y ahora estamos presenciando los inicios de un movimiento que va en la senda correcta, en la de reclamar justicia para todos, sin distinciones derivadas de la condición de las víctimas. Al fin y al cabo estamos hablando de vidas humanas y todas son igualmente valiosas, por lo que como colectivo social tenemos que mostrar nuestra capacidad de reacción para indignarnos por todos y cada uno de los crímenes, de manera tal que sepamos actuar en contra de los delincuentes y, por supuesto, de los policías, fiscales y jueces que los encubren.
No será fácil ni cuestión que se produzca de la noche a la mañana porque debemos entender cuán enraizado está el control que los grupos clandestinos, el poder paralelo y el crimen organizado tienen sobre nuestros operadores de justicia. Pero lo importante es arrancar y comprometernos a que la lucha continúe, a costa de lo que sea, porque es lo único que les puede ofrecer a nuestros hijos y nietos la certeza de que vivimos en un país de leyes, de apego al Estado de Derecho y de respeto a la vida humana.