Análisis de situación Las dificultades de ser un presidente en América
Gracias a la globalización, hoy como nunca antes en décadas anteriores, podemos seguir la huella a lo que se realiza en materia política en otros países. Los presidentes y primeros ministros de otras naciones, sobre todo los de América, nos son familiares, les llevamos la huella y hasta sabemos sus apodos, quebrantos de salud y crisis política.

Por ejemplo, noticias sobre políticas en Argentina y Venezuela son capaces de hacernos reaccionar -indignados o positivamente- incluso más que por acciones que se realizan dentro de nuestro país.
Sin embargo, ya está quedando muy atrás la época en que ser presidente, sobre todo del continente americano, significa ser un jerarca corrupto, déspota y, lo peor de todo, antipático para la opinión pública. Hoy día, mandatarios como Barack Obama, Luiz Inácio da Silva o Michelle Bachelet, despiertan simpatías en todo el mundo.
EL PODER PRESIDENCIAL
Hace dos semanas, Copenhague, Dinamarca, fue el centro de atención noticioso, ya que en esa ciudad designaron a la ciudad que organizaría los Juegos Olímpicos de Verano de 2016. Como todos sabemos, Río de Janeiro fue la elegida.
Lo curioso es que esta designación se enmarca en el plano deportivo, fueron las figuras políticas las que más pesaron en las comitivas de las ciudades. Además, pese a que la organización del evento es local, es decir de una ciudad, las comitivas eran nacionales. Sin excepción, las comitivas de Madrid, Río de Janeiro, Chicago y Tokio fueron encabezadas por sus jerarcas de Estado.
Madrid llevó consigo la doble jefatura Presidente-Rey de España, mientras que Tokio llevó al Primer Ministro de Japón, Río de Janeiro y Chicago a los presidentes Lula y Obama, de Brasil y Estados Unidos, respectivamente.
Tras una primera ronda de votaciones, Chicago y Tokio fueron descartados. Lo de Tokio llegó como una propuesta débil, sobre todo por la crisis financiera que golpeó a Japón y que apenas se ven signos de recuperación ahora.
La candidatura de Chicago tomó fuerza, luego de que el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, tomara posesión este año. Sin embargo, la ciudad de Illinois no contaba con la preparación de años.
Claro está, que Estados Unidos es quizá el país más seguro para realizar estos eventos, pues ni siquiera deben presentar cartas de crédito ni comprometerse fuertemente a terminar la infraestructura a tiempo, como puede suceder con otras ciudades.
Obama hubiera deseado culminar su período presidencial (si es que resultase electo para un segundo mandato) con las Olimpiadas en Chicago, la ciudad que le vio nacer en su vida política. Sin embargo, su carisma y representar a la aún nación con más recursos del mundo, no pudieron contra la preparación que llevaban otras ciudades.
Quedaron para una segunda ronda Río de Janeiro y Madrid, dos ciudades que estaban realizando preparativos desde hace ya varios años, y cuyos presidentes habían cabildeado en todo el mundo buscando apoyo.
Pero, al parecer, la geopolítica de Luiz Inácio Lula da Silva fue más inteligente, ante lo poco que puede ofrecer estratégicamente España.
LULA
Brasil ha empezado a gozar, en los últimos años, de un respeto a nivel internacional, sobre todo por el liderazgo que ejercer el presidente Lula. í‰l, considerado inicialmente de tendencia ideológica de izquierda, ha sabido llevar la economía del país sin que tenga que reñir con el desarrollo económico y empresarial, lo cual es bien visto por los países del G20.
Además, desde hace algunos años, Brasil se convirtió en el país emergente más pujante de la economía mundial, por lo que hacerse de su aliado es aprovechar esa frescura de aire nuevo, en contraste con los mercados europeos y estadounidense que han bajado su demanda.
También es importante el aspecto energético de Brasil, que con su política de los biocarburantes y la reciente localización de grandes pozos petroleros, hacen que los países prefieran su cercanía como socios.
Volviendo a la designación de los Juegos Olímpicos, Lula ondeó como líder la bandera de Río de Janeiro, y a la par de las negociaciones políticas, negoció apoyo a la causa deportiva, y eso pudo ser el factor desencadenante que le diera la victoria a los cariocas.
Para terminar con Lula, es resaltante recordar que, para la crisis política de Honduras, el depuesto presidente Manuel Zelaya haya optado por asilarse en la Embajada Brasileña. Ello le acarreó menos problemas que refugiarse en cualquier otro cuerpo diplomático.
Si Zelaya se hubiera asilado en la sede la ONU o de Estados Unidos, éstos se hubieran visto comprometidos en sus intereses. De las embajadas de los países latinoamericanos, la única opción viable era Brasil. Si hubiera elegido la de Cuba, Venezuela, Bolivia, Ecuador o Argentina, Mel hubiera sido criticado por las tendencias ideológicas de estos países. Pero al asilarse en la brasileña, la decisión gozó del respeto, ya que la geopolítica de Lula tiene el gran mérito de haberse hecho aliado tanto de Estados Unidos como de Venezuela; de Francia como España, en donde, incluso, fue merecedor de un premio por propagar el idioma castellano, pese a que su idioma natal es el portugués.
OBAMA
Si la descalificación de Chicago como sede olímpica fue un revés para Barack Obama, la misma vida se encargaría de recompensarle, puesto que en menos de una semana, el Presidente de Estados Unidos fue anunciado como el ganador del Premio Nobel de la Paz.
Para muchos fue una sorpresa, ya que, si bien Obama ha hecho esfuerzos por la paz, para la mayoría de analistas, aún no ha concretado un logro sólido como para merecer el galardón.
Obama ha estado muy vinculado con temas como el de Irak, Afganistán, el desarme nuclear, Irán, conflicto occidente-islam, el escudo antimisiles en Europa del Este, la OTAN, Guantánamo y Medio Oriente. No ha tenido mayores logros, pero al menos ha sentado postura sólida, que está marcada por el respeto a los derechos humanos y la paz.
Y siendo él el Presidente de Estados Unidos, que -pese a quien le pese- sigue siendo el puesto público más influyente en todo el mundo, el Premio Nobel de la Paz no es un reconocimiento a sus logros, sino una tácita entrega de la estafeta para «resolver» conflictos.
Así que, ¿cómo podría él ahora, siendo Nobel de la Paz, estar en contra del retiro de tropas en Afganistán? ¿O continuar permitiendo la colonización israelí en zonas francas? ¿O no tener más injerencia en el conflicto nuclear iraní?
Visto de esa forma, la elección de la Academia Noruega fue muy hábil, porque está prácticamente condicionando a Obama a optar por decisiones que, sin duda, serían muy difíciles, sobre todo con el ala neoconservadora merodeando en Washington.
POPULARIDAD
Así como Lula u Obama, se ha demostrado que el carisma y la popularidad son dos elementos fundamentales para un mandatario hoy día, y que lejos están aquellos mandatarios que eran vistos con temor por sus estrategias dictatoriales.
Cada quien, muy a su manera, intenta mejorar su imagen y su popularidad en sus países, ya que ello le representa un caudal político muy importante.
Para ello, daremos un vistazo a la aprobación de mandatarios de la Consulta Mitosfky, una compañía mexicana que se encarga, de manera indepediente, de realizar encuestas, como ésta, que ya es habitual.
La encuesta se basa en el porcentaje de aprobación que tienen los ciudadanos con respecto a sus gobernantes. Un punteo sobresaliente se limita entre el 100 y el 70 por ciento. Evaluación alta, entre 55 y 65 por ciento; media, entre 40 y 55; baja, entre 35 y 40, y muy baja, con porcentaje menor a 40.
El presidente con mayor índice de aprobación es Mauricio Funes, de El Salvador, con 84 por ciento, pero su mandato ni siquiera ha llegado a un año, por lo que se analiza que aún goza de una «luna de miel» mediática. Igual análisis se establece de Ricardo Martinelli, de Panamá, que tras un mes, goza del 77 por ciento de aprobación.
Más resaltante es el caso de Lula, en Brasil, y de ílvaro Uribe, en Colombia, que tras la reelección, y casi por concluir su segundo mandato, tienen una alta aprobación, de 81 y 70 por ciento, respectivamente. Ambos llevan más de 80 meses en el poder.
De igual forma, la presidenta chilena Michelle Bachelet, goza del 78 por ciento de aprobación, al ya casi concluir su mandato presidencial.
Entre quienes tienen una calificación alta, entre 55 y 65 por ciento, se encuentran Felipe Calderón, Tabaré Vásquez y Evo Morales, de México, Uruguay y Bolivia, respectivamente.
Entre la evaluación media, se encuentra Barack Obama, de Estados Unidos; Rafael Correa, de Ecuador; Fernando Lugo, de Paraguay, y ílvaro Colom, de Guatemala. Este último, según la encuesta, con 46 por ciento de aprobación.
Según los parámetros de la encuesta, la aprobación del presidente se gana con tener más del 40 por ciento, por lo que los anteriores resultan con una calificación positiva.
En cambio, con menos de 40 por ciento, la evaluación se pierde, como Oscar Arias, con calificación baja, del 37 por ciento, cuando está cerca de dejar su lugar tras las elecciones, y con calificación muy baja, Alan García y Cristina Fernández, presidentes de Perú y Argentina.
Por falta de información, la encuesta no incluyó a Hugo Chávez, de Venezuela; Leonel Fernández, de República Dominicana; Stephen Harper, de Canadá, y Daniel Ortega, de Nicaragua. Tampoco se consideró el caso de Honduras por razones obvias.
El presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva vio concretado su sueño de tener dos eventos deportivos casi simultáneos. La Copa Mundial de Futbol, para 2014, y los Juegos Olímpicos para 2016.
Su poder económico y energético se ha visto acrecentado, además de gozar de respeto entre mandatarios de todo el mundo, pero en especial por tener buenas relaciones con la Unión Europea, Estados Unidos, el bloque del ALBA, el Mercosur y el resto de países de Latinoamérica.
Pese a que no tiene un logro concreto, el presidente estadounidense Barack Obama mereció el Premio Nobel de la Paz.
En todo este año ha dado indicios de querer limpiar la cara a la política exterior de Estados Unidos, sobre todo en aquellos puntos que han sido motivos de críticas, como las supuestas torturas de la CIA, las violaciones en la cárcel de Guantánamo, el envío de tropas a Irak y Afganistán, o las confrontaciones con Rusia.
No sorprende a nadie que la mayoría de presidentes tengan intenciones de reelegirse en el poder. Ello permite dar seguimiento a sus mismos programas. En parte es beneficioso, ya que se pueden asentar programas a largo plazo.
Sin embargo, por el principio de alternatividad en el poder, también es beneficioso rotar a las cabezas de los países.
Existe la tendencia de querer modificar las cartas magnas y las legislaciones de los países, afín de permitir las reelecciones.
Venezuela, Colombia, Bolivia, Ecuador, son algunos de los países que han modificado sus reglas y permiten o intentarán permitir la reelección.
Pero no hay que olvidar que el simple fantasma de la reelección, provocó la reacción violenta en Honduras.