La política no es perversa, es una ciencia y una práctica sin la cual no es posible la convivencia social, ni el ejercicio del poder; los políticos como los periodistas, son actores indispensables en la democracia, ni todos son buenos ni todos son malos, consideró Ileana Alamilla, en un artículo que aborda la relación entre los políticos y la prensa.
De acuerdo con Alamilla, no es factible la existencia de una democracia verdadera sin una prensa libre; sin embargo la periodista considera que la forma en que vivimos la democracia para las mayorías es intrascendente, no se traduce en la resolución de sus necesidades básicas, ya que el sistema democrático carece de las condiciones básicas indispensables de ciudadanía, más allá del voto.
Por su lado la Prensa, como uno de los ejes que domina al mundo, maneja la información y nadie puede participar en la toma de decisiones si no está medianamente informado; el periodismo, según sea el momento, es encumbrado, aplaudido, temido o criticado, políticos y autoridades lo quieren de su lado y se encolerizan si no responde a sus intereses.
Según la columnista, los periodistas tienen la responsabilidad de profesionalizarse, actuar con ética y, sobre todo, lo urgente en el país son espacios de diálogo y debate, pues no puede haber democracia sin partidos políticos y sin periodistas.
Junto con el diputado Mario Taracena, Alamilla comentó la conferencia que dio el argentino Martín Dinatale, autor del libro Luces, Cámara, Gobiernen, sobre la relación entre políticos y periodistas y sus efectos en la democracia, en el programa Tardes de Debate, que organizó el Instituto Centroamericano de Estudios Políticos (INCEP).
Dinatale expuso los resultados de una investigación sobre la Prensa en siete países de América del Sur y los nuevos paradigmas comunicacionales, el auge de los personalismos, la crisis de confianza y credibilidad en los partidos, los medios al servicio del Estado en algunos casos, en otros casos, la compra de ello.
Entre sus consideraciones señaló que algunos medios tienen complicaciones económicas debido a la persecución, la información se ofrece a medios amigos, la ausencia de críticas al poder y algunas críticas fuera de foco.
Como consecuencias los desmentidos son prácticas habituales, la existencia de una democracia incompleta, informaciones parciales, casos de corrupción en ascenso, un discurso único, oposiciones débiles y un doble discurso político, entre otras.