En la vida existen diferentes etapas. El hombre, en lo educativo se inicia por la escuela primaria, secundaria, la universidad y a continuación puede seguir una maestría y concluir un doctorado.
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En la política, el ciudadano se inicia participando en asociaciones, sindicatos, gremios o cámaras y prosigue su participación al decidir ser miembro de un partido, dentro del cual existen etapas: ser afiliado, ser electo miembro del comité ejecutivo municipal, departamental y nacional; existiendo en esta evolución el nivel de ser secretario general o secretario general adjunto del comité ejecutivo nacional.
Todas estas etapas son parte del actuar político, llevan intrínseca la natural y legítima aspiración de obtener la postulación interna y la elección externa para poder actuar en la vida nacional, departamental o municipal como diputado, alcalde, concejal o síndico y, en algunos casos continúa al ser postulado y electo Presidente o Vicepresidente de la República.
Son cientos de cientos los ciudadanos, hombres y mujeres, que han vivido y cumplido -desde la independencia de nuestro país- estas instancias, todas ellas llevan implícito el actuar político y con ello la legítima aspiración de ganar la siguiente elección, produciéndose una carrera política, basta ver al Congreso de la República, a los partidos políticos, a las corporaciones municipales, donde fácilmente se comprueba que muchas personas son diputados, han sido diputados, alcaldes, concejales y síndicos durante varias oportunidades pero ¿cuántos de ellos pueden decir que han logrado -con su actuar y proceder- rebasar la etapa de políticos para entrar al umbral, al sendero de estadista? Poquísimos.
Al analizar retrospectivamente nuestra historia, son pocos los nombres que destacan y aceptamos como personas que trascendieron más allá de la política, que puede estimarse que por su actuar fueron estadistas. En el siglo XIX, podemos decir que hay nombres en el inicio de nuestra independencia como José Cecilio del Valle, Pedro Molina, José Matías Delgado y Mariano Gálvez. En los inicios de la patria grande, Francisco Morazán y en la historia guatemalteca Miguel García Granados, Justo Rufino Barrios, Rafael Carrera, más recientemente -con los antagonismos correspondientes- Jorge Ubico, Juan José Arévalo, Miguel Idígoras Fuentes, Mario Méndez Montenegro y Manuel Colom Argueta.
En la última etapa democrática, Vinicio Cerezo Arévalo ha logrado -por su actuar en la integración centroamericana, trasladarse de político a estadista; menos visible, Alfonso Cabrera Hidalgo tiene el mérito de ser el pensador constitucional del semiparlamentarismo en la política nacional. Los casi 25 años de la actual democracia, tristemente, no han producido o logrado que la mayoría de las figuras públicas dejen de pensar, dejen de actuar en pro de la próxima elección. La actual crisis mundial y nacional requiere de estadistas capaces de concebir y acordar un programa de nación.
«El político es la persona que actúa pensando en la próxima elección y el estadista es la persona que actúa pensando en la próxima generación.». Los dirigentes políticos tienen la disyuntiva: morir como políticos o nacer como estadistas.