Leer o escuchar las recientes declaraciones del Presidente de Guatemala, en relación a las metas “autoimpuestas” sobre crecimiento económico y recaudación tributaria, además de las concernientes a generación de empleo, no dejan de causar cierto asombro.
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Por lo pronto, las intenciones de que el Producto Interno Bruto del país crezca a tasas de siete por ciento y, derivado de ello, la carga tributaria se ubique en 19 por ciento –“objetivo 7-19”–, a las que se agrega la creación de 640 mil puestos de trabajo –si se permiten las condiciones–, suenan maravillosas e increíbles.
Eso sí que sería deseable, pero es quizá un poco aventurado y descuidado lanzar cifras al aire de esa manera, a pesar que una de las características de este gobierno en los casi tres meses que lleva de gestión, son las altas expectativas que ellos tienen sobre sí mismos y que evidentemente irradian hacia parte del sector privado.
Aventurado, incluso, a pesar de que ya hayan tenido visitas de una amplia gama de empresarios extranjeros –desde españoles hasta coreanos– con intenciones de invertir en el país, algunas de las cuales están nada más en eso: en intenciones.
Seguramente, desde mi punto de vista, una de las personas que dentro del gabinete estaría impulsando esa “actitud positiva” hacia la inversión y el crecimiento, sería el ministro de Economía, Sergio de la Torre, quien por su experiencia no solo en el sector industrial, sino también por su actividad de varios años siendo parte de la autoridad monetaria, indudablemente conoce del tema y lo está promoviendo, pues en otro momento él ha dicho que varias acciones ya tomadas por el Gobierno, podrían impactar al PIB de forma positiva, para llegar a crecer hasta 4 ó 5 por ciento, dato que está por encima de la proyección del banco central, de 3.3 por ciento como máximo.
La cifra de crecimiento propuesta no sería descabellada después de todo, pues incluso un reputado economista y ex presidente del Banco de Guatemala, como Federico Linares, en una entrevista para este medio, dijo que nuestro país tiene el potencial de crecer a las tasas ahora pretendidas por el nuevo gobierno.
Sin embargo, otras declaraciones que se deben tomar en cuenta y muy en serio, son las del Embajador de Guatemala en Naciones Unidas, Gert Rosenthal, economista de gran experiencia y prestigio, hecho diplomático de gran valía, entrevistado por un medio nacional esta semana.
Y aunque el tema central de esa entrevista fue el rol de Guatemala en el Consejo de Seguridad, Rosenthal señaló un tema trascendental que si se llevara a cabo, permitiría que las declaraciones de Pérez Molina se asentaran en tierra firme.
Lo dicho por el Embajador es que no existen suficientes misiones diplomáticas guatemaltecas en países que han conseguido éxito económico en corto tiempo, como el caso de los que están en el Sudeste Asiático, de quienes se podría obtener experiencia y homologar ciertos procesos económicos; o países ricos en petróleo y por ello en recursos, como los del Golfo Pérsico, cuya relación bilateral estrecha permitiría conseguir financiamiento.
En síntesis, las relaciones diplomáticas de nuestro país, con otros que han conseguido éxito económico, con altas tasas de crecimiento y diversificación de su producción, deberían convertirse en prioridad, si es que en realidad se quieren alcanzar las tasas de crecimiento propuestas y creación de empleo, para no quedarnos, otra vez, con el mal sabor de los 700 mil que nunca llegaron en el período anterior y que los sectores que crecen sean los mismos de siempre.
Probablemente, parte de una buena política económica también se fundamente en una política exterior amplia y diversificada.