Contrario a la opinión de mi familia, especialmente a la de mi padre Juan Francisco Reyes Hernández (q.e.p.d.), la mitad de mi vida la he dedicado a ser dirigente estudiantil, empresarial y político. Mi pretensión ha sido la de servir a la patria, conocer y participar en el desarrollo y diferentes instancias de la vida nacional.
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A diferencia de Honduras, El Salvador, Nicaragua, Costa Rica, etc., los partidos políticos en nuestro país nacen, crecen, se multiplican y mueren en un corto período. La mayoría perecen al no ser una organización representativa, al no permitir la democracia, el pluralismo y a veces hasta la inteligencia en su seno.
Guatemala requiere de partidos políticos serios, fuertes, multidisciplinarios, polifacéticos, donde las ideas se discutan, se decanten y su representatividad en los puestos de elección popular sea el reflejo de lo multidisciplinario y multiétnico que somos los guatemaltecos.
Qué mejor lugar para discutir las ideas y necesidades nacionales de forma civilizada y adecuada que el seno de un partido. La diversidad de opiniones es y debe ser su riqueza. Si esto no se permite, los partidos continuarán siendo efímeros. La fortaleza de los partidos es la propuesta a cargos públicos de múltiples y diferentes personas, son su mayor valor o su desprestigio.
Los partidos políticos no han encontrado la instancia propia donde reunirse, analizar y discutir la problemática nacional: inseguridad, extrema pobreza, salud pública, seguridad social, carga tributaria y empleo debe ser el producto del consenso propio e independiente de los partidos, no la idea o el programa impuesto por los grupos de poder. Opiniones como la publicada por La Hora, de Pablo Monsanto de ANN (Reforma fiscal para eliminar privilegios) continuarán siendo golondrinas que nunca encuentran el verano.
En Guatemala, como dijera un ex Presidente de la República, «se privatizó la energía eléctrica, el teléfono y peor aún, la política».
Comparemos nuestra situación social, política y económica con Centroamérica, estamos como «chencha», en un círculo vicioso, en deterioro constante, «divide y vencerás» es el objetivo de la supercúpula económica, de las 15 o 20 familias dueñas de medios de comunicación, de la producción y del ingreso del 88% de la riqueza, que constituyen el poder oculto que ha gobernado en esta administración y pretende continuar haciéndolo, por eso invierte en diferentes candidatos presidenciales y vicepresidenciales en este momento.
En el país se reparte la pobreza, la falta de oportunidades de trabajo, la carga tributaria y el derecho a votar, pero no el de por quién votar porque a través de los circulitos, las familias y las argucias se controla, se hace y deshace en los partidos políticos.
Al dirigente que busca la igualdad, la oportunidad de una vida mejor, digna y adecuada para todos los guatemaltecos se le destruye. Muchos que han dirigido al país han sido crucificados, encarcelados, desterrados o están tranquilos porque han sido simples peones o gerentes de la política privatizada que decide la cúpula.
Las elecciones generales están aquí, ya que piden el voto pero no presentan los diferentes programas de gobierno, se habla de ejes y lemas publicitarios. ¿Qué partido político presentará un programa concreto para todos los guatemaltecos, cuáles serán las coincidencias entre los diferentes planes de gobierno, serán positivas o negativas? Si son más las negativas será la prueba de la incapacidad intelectual, de la poca independencia, de la influencia de los poderes ocultos o si no se presentan programas: la falta de compromiso.