Muchas veces los pueblos se vuelven prisioneros de la costumbre o la tradición y no encuentran, porque no las ven, salidas a deficiencias estructurales porque se pretende resolver los problemas con los mismos instrumentos que han fallado históricamente. Tal puede ser el caso de nuestra fuerza pública y la forma de enfrentar la delincuencia, puesto que por el centralismo que caracteriza el ejercicio del poder en Guatemala, se piensa que la tarea de policía tiene que realizarse bajo la dirección del Ejecutivo mediante un cuerpo subordinado a la conducción del Ministerio de Gobernación.
Sin embargo, el modelo de muchos países civilizados asigna la tarea de seguridad a fuerzas policiales que dependen directamente del Municipio, existiendo una policía a nivel nacional para cierto tipo de delitos y para investigaciones especializadas, pero la tarea preventiva de la fuerza pública se encarga a agentes dependientes de las municipalidades que tienen contacto más directo con la población.
Ante el desbarajuste que hay en el país y las deficiencias de una Policía Nacional Civil que cada vez más se evidencia imposible de depurar por el manoseo de que ha sido víctima por la clase política, creemos que vale la pena replantear estructuralmente el tema, por lo cual proponemos la necesidad de crear una policía nacional de investigación y la creación de policías municipales para encargarse de la prevención y mantenimiento del orden público.
Renovar la PNC mediante depuraciones que siempre quedan a medias porque más tardan en planearlas que el Presidente en quitar al ministro que las diseñó, es utópico porque nunca llegaremos a producir los agentes que el país necesita y los primeros en incorporarse, al entrar a un cuerpo corrupto, se irán corrompiendo con mayor velocidad de la que tiene la academia para producir nuevos policías.
En cambio, cada municipio podría emprender un proceso de selección de agentes similar al que han hecho muchos ya con las policías de tránsito y acelerar la formación de cuerpos policiales, que deberán ser sufragados por el gobierno central, que se encarguen de la paz y la seguridad en cada una de las jurisdicciones municipales. Por supuesto que puede haber deficiencias iniciales, pero por graves que sean no serán tan impactantes como las que se derivan de los vicios estructurales de la PNC.
El modelo norteamericano es digno de análisis puesto que delega en el nivel municipal la función policial y mantiene una policía federal de investigación con funciones específicas. El caso es que haciendo lo mismo de siempre obtendremos los mismos resultados que hasta ahora hemos visto. Innovar y cambiar es imprescindible cuando se tiene claro que el sistema diseñado no funciona.