








EL YO NIí‘O
Tengo que oír la ronca voz
de mi corazón de antorcha rota
saliendo humo largamente
ante la máquina pesada del ayer.
Interminable de dolor, pasa,
de pronto, el férreo gusano,
titán terrible, desbocado suicida:
el Tren incontenible de mi infancia.
Largo ferrocarril en mi pequeño
Yo-niño gris, desarrapado, solaz;
pasa furiosa, terremota, la negra,
negrísima locomotora, tora-loca,
en mis oídos niños.
Me abrazo insosiego al dolor ciego
de olvidado barrilete bi-color
abandonado trompo sin cuerda,
canicas sin niño, yo niño
sin pelota de piedra-piedra.
Me arrastra el pasado tortuoso,
Enjambre era mi hambre
Y por dulce no tenía un chupete.
En el cantón y su feria de pobre
sufría de ver el carrusel de caballitos:
no los entendía; ellos me ignoraban.
Para qué recordar las rojas manzanas,
el pavo imposible, las uvas inalcanzables,
nunca las tuve en esas navidades de jauja
de noche lóbrega y oscuro silencio
que aún me asustan como aquella
locomotora, tora-loca, loca-tora:
la locomotora salvaje y monstrua
en donde mi yo-niño llora.
Javier Iriarte
***
ERES CASI UN HOMBRE
Ya no puedo mecerte entre mis brazos
ni bañarte, ni vestirte,
ni dormirte con canciones,
ya no jugamos al tuero
ni a los brincos y brinquitos,
porque ya eres casi un hombre.
Qué rápido pasó el tiempo
en que fuiste pequeñito,
eras lindo y vivaracho
nos queríamos mucho, mucho.
Ahora que no podemos jugar
ni dormirte entre mis brazos,
para no sentirme triste
acudo al bello recuerdo
de cuando eras mi angelito
y tenía que contarte cuentos
para que durmieras:
el «Ratón Pérez», los «Enanitos de Blancanieves»,
el «Lobo Feroz» y la «Luna Juguetona».
Así, pensando y pensando
en ti, cuando eras mi niño,
contemplo tu lindo rostro,
oigo tu voz melodiosa
y tu llanto caprichoso.
Así, sola en el recuerdo
te mecen de nuevo mis brazos,
te canta mi corazón
y te siento junto a mí.
Qué rápido pasó el tiempo
mi tierno niño adorado,
ya no me atrevo a besarte
porque ya eres casi un hombre
y aunque yo soy una anciana,
no me atrevo ya a besarte
porque ya eres casi un hombre.
Marilena López
En «Nomeolvides» (Editorial Cultura, 2010)
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EL PERIQUITO TRAVIESO
En la familia Períquez
hay un perico travieso
que se encarama en los árboles
y da unos gritos muy feos.
Ayer estaba jugando
con sus amigos al tuero
y, para jugar a gusto,
al río verde se fueron.
Se buscaban, se llamaban,
y así, todos se escondieron
en diferentes lugares;
pero el perico travieso
buscó en el agua del río
un escondite perfecto.
Perico fue el ganador
y a la vez salió perdiendo:
hoy los otros están sanos
y él, con catarro, está enfermo.
Lo cuidan sus hermanitos
y le están dando remedios,
y él estornuda, estornuda
con un resfriado tremendo.
Hoy llegaron sus amigos,
le llevaron caramelos
y el periquito les dijo
muy quedo, como en secreto:
«Me escondo a veces tan bien
que ni yo mismo me
encuentro…»
Manuel José Arce
En «Canciones para tu sueño» (Editorial Cultural, 2008)
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DON ZOPILOTE
Don zope es muy elegante:
siempre de negro trajeado
va con andar petulante
encima de los tejados.
A veces abre las alas,
pega un salto y se va al cielo
y extiende sobre las casas
la sombra que hace su vuelo.
Le gusta volar muy alto,
hacer círculos al viento
surcar el aire planeando
con todo el plumaje quieto.
Nadie crea que a don Zope
todo se le va en jugar:
él trabaja, mientras come,
limpiando la suciedad.
Manuel José Arce
En «Canciones para tu sueño» (Editorial Cultural, 2008)
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LA CALLE
La calle es como un río
largo
y sus peces de colores
son sus carros.
Jorge Mario Juárez, 10 años
En «Una experiencia poética» de Luis de Lión (Editorial Cultura, 2002)
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LOS CINCOS
Los cincos son mis ojos
con los que yo juego
todos los días.
Es un mundo
que rueda siempre.
Es el universo,
la luna
y las estrellas.
Adrián Pérez
En «Una experiencia poética» de Luis de Lión (Editorial Cultura, 2002)
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LOS ZAPATOS
¡Oh, negritos
caminantes,
que caminan sin cansarse!
Con corbata de correa
y piel de oscuridad
van ataviados.
Camitas
de mis pies,
capitas impermeables,
carritos sin ruedas,
las gracias yo les doy.
Oswaldo Díaz, 11 años
En «Una experiencia poética» de Luis de Lión (Editorial Cultura, 2002)
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EL TROMPO
El trompo es un mundo
que gira y gira
hasta cansarse.
Es un bailarín
que baila
igual que el remolino.
Es una guitarra
que al tocarla
baila y baila.
Es un lindo sol
que da vueltas.
Armando Poroj, 11 años
En «Una experiencia poética» de Luis de Lión (Editorial Cultura, 2002)
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LA MONTAí‘A
¡Oh, culebra de árboles,
eres un edificio
de color verde,
una pirámide
grande!
Horizonte de grama,
plumaje
del quetzal.
Armando Poroj
En «Una experiencia poética» de Luis de Lión (Editorial Cultura, 2002)
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LA MARIPOSA ORGULLOSA
La mariposa orgullosa
vuelva y vuela por el prado;
va diciéndole a las flores:
«soy lo mejor que se ha creado».
La mariposa en el aire
es la dueña del espacio
y se siente más hermosa
que la flor, el sol y mayo.
Y piensa la mariposa
al ver su color dorado:
soy la reina en primavera
y la reina en el verano.
En eso que pasa un ave
que le responde cantando
«acuérdate mariposa,
de que antes fuiste gusano».
Matilde Montoya
En «Como si fuera un milagro» (Editorial Cultura, 2007)
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ROMANCE DE LA LUNA, LUNA
La luna vino a la fragua
con su polisón de nardos.
El niño la mira mira.
El niño la está mirando.
En el aire conmovido
mueve la luna sus brazos
y enseña, lúbrica y pura,
sus senos de duro estaño.
Huye luna, luna, luna.
Si vinieran los gitanos,
harían con tu corazón
collares y anillos blancos.
Niño, déjame que baile.
Cuando vengan los gitanos,
te encontrarán sobre el yunque
con los ojillos cerrados.
Huye luna, luna, luna,
que ya siento sus caballos.
Niño, déjame, no pises
mi blancor almidonado.
El jinete se acercaba
tocando el tambor del llano.
Dentro de la fragua el niño,
tiene los ojos cerrados.
Por el olivar venían,
bronce y sueño, los gitanos.
Las cabezas levantadas
y los ojos entornados.
¡Cómo canta la zumaya,
ay cómo canta en el árbol!
Por el cielo va la luna
con un niño de la mano.
Dentro de la fragua lloran,
dando gritos, los gitanos.
El aire la vela, vela.
El aire la está velando.
Federico García Lorca
En «Romancero gitano» (1924-1927)