¿Podrá Guatemala algún dí­a mejorar?


Muchos de nuestros conciudadanos ya han perdido la esperanza, prueba de esto son los grandes contingentes humanos que salen de nuestro paí­s y emigran hacia otras tierras. Se dice que son varias las causas, la pobreza y la violencia, por ejemplo. Sin embargo, hace algunas semanas un amigo que también piensa irse me decí­a, éste es un paí­s donde «el único que traga pinole es el que tiene más saliva». Es decir, vivimos en un sistema donde el dinero es el único vehí­culo para acceder a los puestos de elección popular, donde los financistas son los que se reparten los puestos y negocios del Estado, o los que tienen plata no respetan las normas y leyes y se «paran» en los demás. Y como el sistema polí­tico que nos rige no está basado en la ética y la moral, su consecuencia lógica es la contaminación del resto de la sociedad. Las secuelas están ahí­, antes los padres de familia aconsejaban a sus hijos, estudiá, si querés superarte tenés que ir a la universidad. Hoy, a esa frase se le ha agregado… y formar un partido polí­tico.

Guillermo Wilhelm

Muchos creen que la pobreza, la falta de oportunidades y la violencia son las razones principales que nos tienen sumergidos en la descomposión social que actualmente estamos viviendo, y piensan así­ porque confunden el efecto con la causa. Esto sucede porque la mayorí­a de los polí­ticos no tienen una visión auténtica de la moral, que no es otra cosa que la visión auténtica de la persona, pues la moral se fundamenta en la persona humana y sobretodo en su dignidad, y lo antagónico a esto han sido las formas cí­nicas del pragmatismo basadas en el principio de que el fin justifica los medios. Los que quieren tratar la polí­tica y la moral de forma separada jamás entenderán a ninguna de las dos, no comprenden que la práctica de la polí­tica siempre debe ir de la mano con los imperativos de la honestidad. Mucho son renuentes a entenderlo y por eso nos siguen condenando a la pobreza desapareciendo recursos como lo sucedido en el Congreso de la República.

Guatemala no va a superar sino entendemos y aplicamos estos conceptos, y el Estado como rector es el que pone el ejemplo a la sociedad. De ahí­ el desmadre que tenemos. Por eso es que el único sistema polí­tico que puede funcionar es aquél que está basado en la ética y la moral, y estos por ser términos absolutos traen sus fuertes disuasivos y correctivos y por supuesto sus filtros para aquellos que pretendan acceder al poder. De ahí­ quizá ya resulte más fácil entender que mientras no tengamos un sistema que evite el desorden y la corrupción, inmoral resultarí­a apoyar toda iniciativa de endeudar enormemente al paí­s. Por eso he dicho no ha Petrocaribe, porque no tenemos un sistema que garantice impedir los grandes robos y saqueos que durante tanto tiempo hemos padecido y nos tienen en la anarquí­a y la pobreza y porque como sociedad ni siquiera estamos organizados para tratar de evitarlo. Y los que no estén de acuerdo conmigo que sigan poniendo al mono a cuidar los bananos, ya será su responsabilidad moral. Guatemala si puede mejorar y acceder al desarrollo, pero como todo ser humano que no puede crecer con un cuerpo infectado lleno de cánceres y pústulas el imperativo prioritario es hacerlo sanar. Y la cura, como lo he escrito desde varios años en esta noble tribuna, es la reforma polí­tica. Esa tarea tan postergada y destinada para aquél con grandes ideales y la valentí­a y decisión para cambiar al paí­s. Por eso es que consciente del origen de los problemas de mi paí­s tendré que contradecir a aquel candidato demócrata que hace 16 años se autoimpuso el lema: ¡Es la economí­a estúpido! y expresar que el gran problema que aquí­ tenemos ¡Es la falta de valores y moral!