Muchos de nuestros conciudadanos ya han perdido la esperanza, prueba de esto son los grandes contingentes humanos que salen de nuestro país y emigran hacia otras tierras. Se dice que son varias las causas, la pobreza y la violencia, por ejemplo. Sin embargo, hace algunas semanas un amigo que también piensa irse me decía, éste es un país donde «el único que traga pinole es el que tiene más saliva». Es decir, vivimos en un sistema donde el dinero es el único vehículo para acceder a los puestos de elección popular, donde los financistas son los que se reparten los puestos y negocios del Estado, o los que tienen plata no respetan las normas y leyes y se «paran» en los demás. Y como el sistema político que nos rige no está basado en la ética y la moral, su consecuencia lógica es la contaminación del resto de la sociedad. Las secuelas están ahí, antes los padres de familia aconsejaban a sus hijos, estudiá, si querés superarte tenés que ir a la universidad. Hoy, a esa frase se le ha agregado… y formar un partido político.
Muchos creen que la pobreza, la falta de oportunidades y la violencia son las razones principales que nos tienen sumergidos en la descomposión social que actualmente estamos viviendo, y piensan así porque confunden el efecto con la causa. Esto sucede porque la mayoría de los políticos no tienen una visión auténtica de la moral, que no es otra cosa que la visión auténtica de la persona, pues la moral se fundamenta en la persona humana y sobretodo en su dignidad, y lo antagónico a esto han sido las formas cínicas del pragmatismo basadas en el principio de que el fin justifica los medios. Los que quieren tratar la política y la moral de forma separada jamás entenderán a ninguna de las dos, no comprenden que la práctica de la política siempre debe ir de la mano con los imperativos de la honestidad. Mucho son renuentes a entenderlo y por eso nos siguen condenando a la pobreza desapareciendo recursos como lo sucedido en el Congreso de la República.
Guatemala no va a superar sino entendemos y aplicamos estos conceptos, y el Estado como rector es el que pone el ejemplo a la sociedad. De ahí el desmadre que tenemos. Por eso es que el único sistema político que puede funcionar es aquél que está basado en la ética y la moral, y estos por ser términos absolutos traen sus fuertes disuasivos y correctivos y por supuesto sus filtros para aquellos que pretendan acceder al poder. De ahí quizá ya resulte más fácil entender que mientras no tengamos un sistema que evite el desorden y la corrupción, inmoral resultaría apoyar toda iniciativa de endeudar enormemente al país. Por eso he dicho no ha Petrocaribe, porque no tenemos un sistema que garantice impedir los grandes robos y saqueos que durante tanto tiempo hemos padecido y nos tienen en la anarquía y la pobreza y porque como sociedad ni siquiera estamos organizados para tratar de evitarlo. Y los que no estén de acuerdo conmigo que sigan poniendo al mono a cuidar los bananos, ya será su responsabilidad moral. Guatemala si puede mejorar y acceder al desarrollo, pero como todo ser humano que no puede crecer con un cuerpo infectado lleno de cánceres y pústulas el imperativo prioritario es hacerlo sanar. Y la cura, como lo he escrito desde varios años en esta noble tribuna, es la reforma política. Esa tarea tan postergada y destinada para aquél con grandes ideales y la valentía y decisión para cambiar al país. Por eso es que consciente del origen de los problemas de mi país tendré que contradecir a aquel candidato demócrata que hace 16 años se autoimpuso el lema: ¡Es la economía estúpido! y expresar que el gran problema que aquí tenemos ¡Es la falta de valores y moral!