Poder de los Kirchner, marchitado


Cristina Fernández de Kirchner en el momento en que asumió la Presidencia argentina heredada por su esposo, Néstor.

El poder hegemónico que la presidenta argentina Cristina Kirchner tení­a con su esposo y ex jefe de Estado, Néstor Kirchner, se marchitó en 2008, consumido por un conflicto con agricultores, choques con la clase media, maratones de promesas incumplidas y una fuga de aliados.


La popularidad del gobierno peronista socialdemócrata se desplomó de 65% a 25%, en una pesadilla polí­tica para los Kirchner iniciada cuando un fiscal de Estados Unidos denunció que dinero de contrabando desde Venezuela habí­a financiado su campaña electoral.

«Â¡Es un operativo basura de inteligencia (estadounidense)!», reaccionó con furia hace un año Cristina Fernández de Kirchner, recién asumida.

Pero el juicio por el caso de una maleta con 800.000 dólares confiscados al empresario Guido Antonini Wilson en Buenos Aires al bajar de un vuelo oficial condenó a un grupo de espí­as venezolanos en Miami y arrojó sombras de sospecha sobre el gobierno.

Tan sólo cuatro meses después de recibir el bastón presidencial de manos de su marido, Cristina Kirchner quedó envuelta en una feroz puja con patronales del campo por el reparto de la multimillonaria renta agraria de un paí­s que es fuerte proveedor agrí­cola mundial.

«Â¡No quieren distribuir la riqueza!», disparó la presidenta a los agricultores en huelga, cuya cruzada contra el alza en los impuestos a las exportaciones de alimentos tuvo fuerte apoyo de la clase media y la oposición.

Y sólo en el caso de la soja, la cosecha anual estaba valuada en 24.000 millones de dólares, poco menos de la mitad del total de exportaciones.

«Â¡Esto es una confiscación», bramaron los productores de la más grande protesta agraria en 100 años, con 128 dí­as de tensión, cacerolazos, mí­tines multitudinarios y guerra de insultos, hasta derrotar el plan del gobierno en el Parlamento.

El plan fue tumbado por el propio vicepresidente Julio Cobos, con un voto de desempate como titular del Senado, iniciando una deserción de aliados de la Unión Cí­vica Radical (UCR, socialdemócrata), la segunda fuerza parlamentaria.

«La clase media urbana fue solidaria con la clase media rural. El gobierno estuvo poco cauto con su aumento impositivo», dijo Torcuato Di Tella, sociólogo y ex secretario de Cultura.

Jirones de poder dejaron los Kirchner en su afán por imponer el plan a toda costa y disfrazarlo de una epopeya antioligárquica, pese a que los cinco grandes grupos agroexportadores se mantení­an al margen.

«Si la izquierda peronista decí­a que el peronismo es el hecho maldito del paí­s burgués, se podrí­a decir ahora que las clases medias son el hecho maldito del paí­s peronista», dijo Carlos Altamirano, profesor e investigador de la Universidad de Buenos Aires.

Cobos, celebrado por la clase media como un mesí­as, se convirtió en un opositor presidenciable dentro del propio gobierno, mientras poderosos jefes peronistas desencantados pasaron a la oposición.

«El vicepresidente votó a favor de acuerdos y consensos. Estamos en una Argentina muy dividida», opinó la socióloga y consultora Graciela Rommer.

DEUDA Pagos al extranjero


La presidenta Kirchner anunció que saldarí­a en un solo pago al Club de Parí­s una deuda de 6.700 millones de dólares y un nuevo canje para tenedores de bonos en mora, pero la crisis global hizo pedazos la intención.

Mientras, el anuncio de un tren bala Buenos Aires-Rosario-Córdoba, el polo de las tres más grandes ciudades, quedó tan frenado como la locomotora polí­tica kirchnerista, cuyo combustible habí­a sido un crecimiento de la economí­a de casi 9% anual en cinco años.

Pero en otro súbito golpe de timón, ahora estatista, el gobierno eliminó los fondos de pensión privados, y está a punto de expropiar a la endeudada compañí­a de bandera Aerolí­neas Argentinas.

Acorralados por el enfriamiento de la economí­a a raí­z de una crisis mundial que subestimaron, los Kirchner atraviesan una cornisa rumbo a las elecciones parlamentarias de 2009.

«La clase media urbana fue solidaria con la clase media rural. El gobierno estuvo poco cauto con su aumento impositivo»

Torcuato Di Tella,

sociólogo y ex secretario de Cultura.