Poco control en la calidad de la comida


Desde la comida chatarra que consumen nuestros niños y adolescentes en los colegios y escuelas públicas, hasta los platos del dí­a de los comedores y restaurantes, pasando por el pan nuestro de cada dí­a y las comidas rápidas como los ya famosos shucos, las pizzas y las hamburguesas, toda esta comida hecha con los materiales de más baja calidad y en condiciones higiénicas lamentables por escasas, constituye la dieta alimenticia diaria de la mayorí­a de guatemaltecos citadinos y de buena cantidad de compatriotas que viven en las cabeceras municipales. De quienes habitan en fincas, aldeas o caserí­os, nada diré, pues sus posibilidades alimentarias son aún más precarias.

Milton Alfredo Torres Valenzuela

Lo que quiero decir es que, por lo que se ve, existe poco o nulo control en relación a lo que los guatemaltecos comemos a diario. Por ejemplo, existen en el mercado cierto tipo de frituras con todo y bolsa sellada y marca, cuyos componentes, a la larga, pueden producir trastornos en el organismo; embutidos cuyo sabor y color han sido alterados artificialmente; refrescos embotellados y enlatados que pueden producir gastritis y cálculos renales; no digamos los altos niveles de contaminación de la fruta ya pelada que es ofrecida en las calles, sin ningún permiso ni control sanitario Hay, inclusive, colegios y empresas que ofrecen a sus estudiantes y trabajadores, respectivamente, toda esta clase de comida chatarra como almuerzo casi obligado, coadyuvando con dicha actitud, a la deformación fí­sica de sus alumnos o trabajadores y a la deformación del sentido del gusto y de la cultura gastronómica, fuente primordial del buen gusto y del buen juicio en el comer y en el beber.

La alimentación, de por sí­, es necesidad fisiológica pero también es cultura. Por tal razón el contenido y la forma de alimentarse incide directamente en los hábitos, en las formas de vida y, por supuesto, en la productividad de un paí­s. ¿Qué podremos esperar del nuestro, si no controlamos y mejoramos la forma de alimentarnos? Los recursos que un guatemalteco invierte en comprar comida chatarra, muy bien podrí­a invertirlos en otro tipo de alimentación más sana. Lo que incide, en todo caso, es la propaganda y no la educación.