Oír algo acerca de tan crítico problema es poco. Verlo de cerca presenta un cuadro dramático que se intensifica al paso de los días y es la realidad en que se debate la población del interior. Máxime en el área rural, cuyo segmento considerable siempre es el más olvidado y desatendido.
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Viene de años atrás tal limitación con las consecuencias conocidas, pero a tono con el crecimiento poblacional adquiere visos de tragedia nacional. En el campo hay situaciones adversas pues sus habitantes tienen pluricarencias que les orilla a la pobreza y extrema pobreza que ocasiona hambruna.
Misma que endosa al instante la desnutrición infantil en grado visible, profundiza hasta el tope que provoca, asimismo, la mortalidad consiguiente del futuro del país. Ello clama a la concientización y sensibilidad general. Solidaridad en favor de los damnificados será la mejor respuesta al caso.
Es deber del Estado establecido en la Constitución de garantizar a todos en pocas palabras el bien común que deriva en el desarrollo integral de las personas, empero en la práctica es letra muerta. De igual forma resultan restantes cuestiones legales, distantes de aliviar la situación en el campo.
Algunas acciones orientadas a: Guerra a la pobreza, son implementadas dentro de políticas gubernamentales, sin embargo, tienen características temporal. Mientras que el agudo problema necesita que sean sostenibles; bajar la guardia equivale a una simple llamarada de tusas en ese entorno vulnerable.
El hecho de enfatizar en las condiciones frágiles del área rural tampoco exime de la pobreza a las áreas urbanas, la capitalina también exhibe multitud de casos. El listado enorme lo conforman indigentes, niños de la calle y similares grupos humanos que sobreviven en el basurero de la zona 3.
De la pobreza que se intensifica, todo apunta a que las generaciones actuales de esas clases sociales, pasan grandes dificultades. Ocupa sitio preponderante el alto costo de vida. Imposibilita el acceso a la totalidad de artículos cuya sumatoria responde al nombre eufórico de canasta básica.
Sin excluirse por ejemplo la tenencia de la tierra, capaz de reducir las posibilidades de cultivar sementera que responden a sus necesidades, a la medida del deseo. Una mayoría sólo mediante el arrendamiento de parcelas pequeñas producen en mínima escala, más bien el consumo interno y punto.
Mucho se habla en relación precisamente a la distribución, tenencia y uso de la tierra, sin avances notorios; por el contrario, existen conflictos que sobrevienen a tiempo de invasiones a fincas, epilogapadas y protagonizadas con la intervención de la fuerza pública con saldos sangrientos.
Una salida factible el aludido caso de la creciente pobreza y hambruna, del orden del 50% a nivel nacional tendrá si hay unificación del gobierno central, Consejos de Desarrollo; además, municipalidades, inclusive una transparente canalización de la cooperación internacional en ese sentido.
Además, sin el pensamiento para más adelante, hacen falta leyes, reglamentos y decisión de emitir los mecanismos con espíritu social indispensables como necesarios que sean al menos un buen inicio. Las panaceas por las que sólo se ofrecen con gritos estentóreos, ¡nada qué ver!