Plan de producción de biodiésel: cuestionado ofrecimiento de Uribe


Según los expertos, el mayor peligro de los biocombustibles es el encarecimiento de los granos básicos, ya que éstos tendrí­an mayor demanda en el mercado, lo que provocarí­a una crisis en seguridad alimentaria. FOTO LA HORA: ARCHIVO

La instalación de una planta para producir biodiésel, como la ofreció el Presidente colombiano, no convence a los sectores ambientalista, mientras que expertos en economí­a advierten sobre los riesgos y beneficios que dicho proyecto significarí­a para el paí­s.

Andrea Orozco
lahora@lahora.com.gt

ílvaro Uribe, presidente de Colombia, visitó el paí­s el pasado 13 de octubre, y varios acuerdos fueron suscritos, como el de colaborar con una planta de biodiésel. FOTO LAHORA: ARCHIVOCon los biocombustibles, el precio de los combustibles para vehí­culos podrí­a bajar. FOTO LA HORA: ARCHIVO

En su reciente visita a Guatemala, el presidente de la República de Colombia, ílvaro Uribe, ofreció colaborar en la instalación de una planta productora de biodiésel, tal y como se ha hecho en su paí­s. Ese dí­a la ayuda fue aceptada y agradecida por el gobernante guatemalteco ílvaro Colom.

Sin embargo, para algunos analistas y lí­deres ambientalistas, esta propuesta debe ser muy bien analizada pues, de la misma manera que representa un beneficio al medio ambiente, puede también provocar un grave impacto social, económico y alimentario.

La principal controversia de este tema gira en torno a los fines con que será creada dicha planta. A decir de Yuri Melini, del Centro de Acción Legal, Ambiental y Social, (CALAS), lo primero que debe hacerse es aclarar el objetivo con el que se realizará esta instalación, ya que podrí­a ser utilizada para consumo nacional o para venta al extranjero.

Según el representante de CALAS, en Guatemala existe una gran limitación para que se desarrolle la primera opción ya que el paí­s todaví­a no cuenta con una condición legal para desarrollar la mezcla de alcohol carburante e hidrocarburos.

Por otro lado, si se pretende exportar los combustibles, el costo ambiental, económico y social que se presentarí­a al utilizar grandes porciones de tierra para monocultivos como caña de azúcar, palma africana y jatrofa no beneficiarí­a al paí­s, ni siquiera ambientalmente, asegura Melini.

«Ambientalmente hablando es adecuado para Guatemala, pero si se va a producir para el extranjero no vale la pena», explica el entrevistado.

Una postura similar presenta el licenciado Jorge Santos, del Centro Internacional de Investigación en Derechos Humanos, (CIIDH), quien explica que debe hacerse una investigación sobre quién serí­a el mayor beneficiado con esta planta.

Para el representante del Centro, en el ámbito de consumo, este biocombustible puede ser beneficioso únicamente para el núcleo de población guatemalteca que tenga vehí­culo y la capacidad económica para comprar el mecanismo que se debe instalar en el motor del automóvil para la utilización del biocombustible.

MATERIA PRIMA VERSUS SEGURIDAD ALIMENTARIA

Para la producción de biodiésel es necesario utilizar algunos productos de consumo diario, como maí­z, u optar por el cultivo de la jatrofa, que no es alimenticia pero que, debido a la necesidad de utilizarla en grandes cantidades provocarí­a el desplazamiento de otros cultivos.

Además, para la siembra se necesitan tierras, y esto también genera controversia, pues algunos de los entrevistados opinan que esto tendrí­a como consecuencia la expropiación de tierras a los campesinos.

Sobre la producción, Rubén Darí­o Narciso, de la Asociación de Investigación y Estudios Sociales, (ASIES), opina que los cultivos que se necesitan para la fabricación del biocombustible vendrí­an a desplazar a ciertos alimentos y esto, en un paí­s como Guatemala en donde todaví­a hay problemas serios en materia de seguridad alimentaria, podrí­a acarrear grandes consecuencias.

Por ello, para Narciso es importante que el Gobierno dé a conocer si los productos que se necesitan para la fabricación del combustible serí­an cultivados en el paí­s o comprados al extranjero, además, se debe verificar, de ser producidos aquí­, qué tipo de cultivos serán desplazados para darle espacio a la producción de la materia prima de este combustible y de qué manera se podrí­a recuperar esta pérdida.

El analista también señala que se debe tener claro en qué departamentos y qué porciones de tierra se van a cultivar o si se utilizarí­an terrenos que en este momento están ociosos y no se utilizan para ningún tipo de producción.

En cuanto a la utilización de la tierra, el representante de CALAS opina que esto solo se justificarí­a al obtener beneficios ambientales y económicos, pero «si la idea es producir para vender al mercado norteamericano, teniendo tanta limitación de tierras, conflictividad agraria y limitación en seguridad alimentaria, se producirí­a un peligroso desequilibrio». El problema entonces surge, según Melini, en que las limitadas tierras que hay en Guatemala tendrí­an que producir para otros, con riesgo de dañar la seguridad alimentaria.

Además, Jorge Santos señala que la producción de este biocombustible se puede observar desde varias esferas; pero en cuanto a la producción, opina que esta va a estimular efectivamente el crecimiento de los monocultivos que han significado, de forma tradicional, expropiación y despojo de tierras a comunidades indí­genas y campesinas en el paí­s, provocando mayor pobreza y hambruna.

«El primer impacto de la planta de biodiésel, señala Santos, serí­a en contra de comunidades campesinas, pues ante el avance de la producción de caña de azúcar y palma africana, insumos fundamentales para la producción del biodiésel, serí­an desalojados de sus territorios, produciendo así­ mayores niveles de pobreza y pobreza extrema en comunidades que podrí­an ser de la zona norte de Alta Verapaz y del sur de Peten», finalizó el representante de CIIDH.

GOBIERNO SIN DECISIí“N

Para el representante del CIIDH, pareciera que la aceptación del Gobierno guatemalteco hacia la ayuda que ofrece Colombia viene a contrastar con el recién firmado convenio Petrocaribe entre Guatemala y Venezuela. Al respecto Santos sugiere que el Ejecutivo debe pensar de manera prioritaria y ordenada qué tipo de polí­tica pública quiere manejar en torno a la materia energética.

«Hoy nos hablan de biocombustible y ayer nos hablaron de Petrocaribe, pero al final de cuentas pareciera no implementarse ninguna», aseguró a este vespertino, y continuó, «hoy viene otro Presidente del sur a ofrecer la instalación de una planta de biocombustible y de igual manera pareciera adherirse, (el Presidente de la República), a la iniciativa».

Por ello, Santos sugiere que cualquier polí­tica pública que se pretenda implementar en el paí­s requiere de orden y coherencia, además, agregó que a su parecer «no todos los ofrecimientos que nos vienen a hacer del extranjero tiene que resultar necesariamente positivos».

El analista de ASIES agrega que se debe hacer un estudio técnico muy exhaustivo para esta implementación y no debe tomarse como una decisión sencilla, pues se deben establecer cabalmente los beneficios económicos, ambientales y sociales que se van a obtener y tener cuidado de no causar un mayor problema en cuanto a la seguridad alimentaria.

ANíLISIS Factibilidad de la instalación


En términos generales, para Santos sí­ es factible, tanto económicamente como en cuestiones de espacio, la instalación de esta planta, pues inclusive, señala el entrevistado, ya se hace una producción mí­nima de biocombustible en el paí­s, esto de parte de la iniciativa privada.

Sin embargo, los insumos fundamentales que se requieren para la producción de este combustible provocarí­an que el paí­s se sujete a un modelo de desarrollo pensado hacia la exportación y el monocultivo que «hoy por hoy tiene al paí­s con un 51% de pobreza y con brotes de hambruna en diferentes puntos de la Nación».

Una opinión similar emitió el ambientalista Melini, pues considera que para que se produzca y se consuma en el paí­s el Congreso de la República deberí­a aprobar una ley que permita las mezclas de los combustibles ya que, de no tener una ley que respalde esto, «aunque llenemos medio paí­s de biocombustibles, no se va a poder utilizar».

RECUENTO Beneficios e inconvenientes


A nivel mundial existen compromisos que se han establecido para disminuir las emisiones de los gases contaminantes que provocan el cambio climático, pues este representa un reto, no sólo para los seres humanos sino también para todas las especies existentes sobre la tierra.

Por ello, desde el punto de vista ambiental, la utilización en Guatemala de este sustituto de los derivados del petróleo es positivo y bueno ya que disminuye entre un 25 a un 80 por ciento las emisiones de monóxido de carbono o CO2 y de los hidrocarburos volátiles, minimizando de este modo el efecto invernadero.

Otro de los posibles beneficios es que para la producción de biodiésel se le da una utilización al suelo que evita los fenómenos de erosión y desertificación a los que pueden quedar expuestas aquellas tierras agrí­colas que son abandonadas por los agricultores.

En este punto, Rubén Darí­o Narciso agrega que, si son utilizadas las tierras que han permanecido ociosas se estarí­a generando gran cantidad de empleo y de esta manera se beneficiarí­a también al paí­s.

También se considera como positivo el hecho de que se cambiarí­a la matriz energética, ya que todaví­a dependemos mucho del petróleo.

Por otro lado, y como un ejemplo de los inconvenientes que puede acarrear la producción de biodiésel, hacemos referencia a la experiencia de Malasia, en donde la explotación de plantaciones de palmas de aceite, utilizadas para hacer el biocombustible, fue responsable en un 87 por ciento de la deforestación de ese paí­s hasta el año 2000.

Además, miles de indí­genas han sido desalojados de sus tierras para poder continuar con la siembra de las palmas, pero el Gobierno malasio sigue promoviendo el cultivo de estas plantas para poder seguir vendiendo el biodiésel a paí­ses de Europa.

También representa un problema el hecho de que el tiempo de vida de este biocombustible no está definido, así­ como puede durar hasta 10 años, su tiempo de vida puede ser de meses, esto depende en gran medida de la manipulación y el almacenamiento con que se maneje el producto.