Plagados de bandas


La captura de varios criminales implicados en el asesinato de los señores Musa nos evidencia que en Guatemala estamos hasta el copete con la existencia de bandas criminales que se dedican a cometer asesinatos por encargo y que muchas de esas organizaciones criminales tienen ví­nculos entre sí­ y con las autoridades de las fuerzas de seguridad.


En este caso pareciera que la contratación proviene de una fuente distinta a la que le consiguió los sicarios a Rosenberg, puesto que no aparecen los empleados de los Valdés Paiz que trabaron relación con los asesinos para el otro «trabajo» y, por supuesto, que la autorí­a intelectual resulta clave en este asunto porque la población ha estado a la espera de que la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala esclarezca quién mató a los Musa, entendiendo por tal cosa no sólo a los operadores que apretaron el gatillo, sino especialmente a quienes les contrataron para hacer el trabajo,

Se ha evidenciado que la figura del colaborador eficaz, como pasa con todo instrumento legal, se está contaminando y es aprovechada por quienes quieren tirar lodo a los demás para salir en caballo blanco, por lo que deberá tomarse con la reserva del caso y la suspicacia que debe generar esa situación, cualquier aporte de los mismos implicados porque ahora, literalmente hablando, resulta más fácil tirarle el muerto al muerto, es decir, no faltarán los que quieran hilar fino para cerrar completamente éste y todos los casos haciendo otra vez a Rosenberg el responsable, lo cual resulta cómodo y polí­ticamente conveniente.

Es imperativo que el Estado haga un trabajo serio para combatir la existencia de esas bandas de asesinos a sueldo que funcionan en el paí­s y que realizan un macabro negocio con la oferta de mano de obra barata para ejecutar a cualquier tipo de personas. Son asesinos desalmados que ni siquiera se encargan de averiguar a quién tienen que eliminar, puesto que para ellos todos son simples objetivos, simple mercancí­a de la que tienen que disponer de acuerdo a los intereses de quienes les contratan.

Y la vida de todos está en riesgo porque se ha devaluado tanto el respeto a la persona y a su vida, que por cualquier cosa y hasta sin expresión de motivo se puede conseguir al grupo de sicarios que está dispuesto, por unos cuantos pesos, a rociar a tiros a cualquiera. Esa gente desalmada tiene que estar tras las rejas y debe cesar la práctica del sicariato en nuestro medio para lo cual todo esfuerzo es poco. El desmantelamiento de esas bandas criminales se tiene que plantear como un objetivo esencial de cualquier esfuerzo de seguridad y se puede hacer si realmente se usa la inteligencia.