No pasa mucho tiempo sin que alguien salga diciendo en un medio de comunicación que al Estado le hacen falta fondos para hacer esto o aquello y que por lo tanto urge hacer una reforma, adecuación o ajuste fiscal. Cuando leo o escucho esto, me recuerda cuando de patojo le pedía más pisto a mi papá para poder ir al cine, alquilar más tiempo la bicicleta o comprar cualquier cosa que se me ocurriera. Siempre obtuve la misma respuesta: ¿sabes cuánto cuesta ganar el dinero que invierto para que tengas un mejor futuro? Y el día que quienes manejen fondos públicos piensen de igual manera, otro gallo le cantaría a Guatemala.
No tengo ni idea de cuánto le ha costado al pueblo mantener el Departamento de Control de Armas y Municiones (Decam) y si funcionara a las mil maravillas, se llevara un control eficaz de todo aquello útil para disfrutar de una efectiva justicia, nadie dudaría de su importancia y necesidad pero, cuando vemos que su jefe (Prensa Libre 15-2-08) cuenta el cúmulo de debilidades del control que ejerce sobre las armas de fuego que se usan en el país, a cualquier se le para el pelo y se resiste a pagar todavía más impuestos: sobre las armas que están registradas no se lleva un control estricto; hay quienes no teniendo 25 años de edad gozan de licencia para portarla; no se tienen registradas todas las armas de la Policía Nacional Civil; una vez registrada el arma no se vuelve a ver más, pues no existe ningún mecanismo de supervisión; no es confiable el registro de huellas balísticas; no cuenta con el equipo necesario para poder hacer comparaciones; tampoco para contrastar los cascabillos encontrados en las escenas de crímenes y finalmente, no se pueden emitir dictámenes sobre la procedencia de las municiones. ¿Entonces?, seguramente usted se estará preguntando, ¿de qué ha servido gastar tanto pisto en el Decam?
Lo anterior se queda chiquito cuando el ciudadano se entera que los magistrados de la Corte Suprema de Justicia han salido del país 180 veces en tres años y dos meses, lo que ha representado un gasto que incluye viáticos y boletos aéreos superior a los 5 millones de quetzales; cuando está a la vista el deterioro de las carreteras a pesar de la millonada que anualmente se le asigna al mantenimiento de las mismas; que la recreación de los trabajadores del Estado es un buen pretexto para dilapidar sus fondos asignados o que sigan abundando los ex funcionarios que de la noche a la mañana saltaron del petate al Cadillac.
De ahí que pueda estar asegurando al momento de escribir este comentario que cualquier nombramiento de funcionario o comisión que se haga, como promesa electoral o propósito de enmienda al iniciar un mandato, al ciudadano común y corriente le siga importando un bledo. ¡Puras tortas y pan pintado!