Pisto abunda, pero no lo saben administrar


No pasa mucho tiempo sin que alguien salga diciendo en un medio de comunicación que al Estado le hacen falta fondos para hacer esto o aquello y que por lo tanto urge hacer una reforma, adecuación o ajuste fiscal. Cuando leo o escucho esto, me recuerda cuando de patojo le pedí­a más pisto a mi papá para poder ir al cine, alquilar más tiempo la bicicleta o comprar cualquier cosa que se me ocurriera. Siempre obtuve la misma respuesta: ¿sabes cuánto cuesta ganar el dinero que invierto para que tengas un mejor futuro? Y el dí­a que quienes manejen fondos públicos piensen de igual manera, otro gallo le cantarí­a a Guatemala.

Francisco Cáceres Barrios

No tengo ni idea de cuánto le ha costado al pueblo mantener el Departamento de Control de Armas y Municiones (Decam) y si funcionara a las mil maravillas, se llevara un control eficaz de todo aquello útil para disfrutar de una efectiva justicia, nadie dudarí­a de su importancia y necesidad pero, cuando vemos que su jefe (Prensa Libre 15-2-08) cuenta el cúmulo de debilidades del control que ejerce sobre las armas de fuego que se usan en el paí­s, a cualquier se le para el pelo y se resiste a pagar todaví­a más impuestos: sobre las armas que están registradas no se lleva un control estricto; hay quienes no teniendo 25 años de edad gozan de licencia para portarla; no se tienen registradas todas las armas de la Policí­a Nacional Civil; una vez registrada el arma no se vuelve a ver más, pues no existe ningún mecanismo de supervisión; no es confiable el registro de huellas balí­sticas; no cuenta con el equipo necesario para poder hacer comparaciones; tampoco para contrastar los cascabillos encontrados en las escenas de crí­menes y finalmente, no se pueden emitir dictámenes sobre la procedencia de las municiones. ¿Entonces?, seguramente usted se estará preguntando, ¿de qué ha servido gastar tanto pisto en el Decam?

Lo anterior se queda chiquito cuando el ciudadano se entera que los magistrados de la Corte Suprema de Justicia han salido del paí­s 180 veces en tres años y dos meses, lo que ha representado un gasto que incluye viáticos y boletos aéreos superior a los 5 millones de quetzales; cuando está a la vista el deterioro de las carreteras a pesar de la millonada que anualmente se le asigna al mantenimiento de las mismas; que la recreación de los trabajadores del Estado es un buen pretexto para dilapidar sus fondos asignados o que sigan abundando los ex funcionarios que de la noche a la mañana saltaron del petate al Cadillac.

De ahí­ que pueda estar asegurando al momento de escribir este comentario que cualquier nombramiento de funcionario o comisión que se haga, como promesa electoral o propósito de enmienda al iniciar un mandato, al ciudadano común y corriente le siga importando un bledo. ¡Puras tortas y pan pintado!