Siempre me han gustado las pinturas. De hecho soy amigo de muchos pintores, a quienes admiro por su trabajo. Me inclino por el arte abstracto, no me simpatizan los bodegones y la pintura primitivista me parece repetitiva. Por supuesto que hay excepciones, como en el caso de las pintoras de Comalapa que desde muchos años atrás han unido la pintura con la cosmovisión maya.
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Admiro el trabajo del «Tecolote» Ramírez Amaya, las caras de Alejandro Urrutia, los paisajes de Hugo González Ayala, los abstractos de Jorge Félix y el trabajo de Zipacná de León. Quizá me gusta la pintura, porque nunca fui bueno para dibujar.
De la Escuela de Artes Plásticas, el Cerro del Carmen, las academias particulares y ahora las escuelas municipales de pintura sin duda han surgido y están surgiendo excelentes pintores.
Sin embargo, ver trabajo realizado por discapacitados psíquicos me impresionó. Cuando vi las obras no lo podía creer.
La muestra, compuesta por esculturas, collages y pinturas tiene mucha fuerza. Si, la fuerza interna de personas que habitan en instituciones psiquiátricas, plasmada en los lienzos. Son autodidactas y no tienen formación artística formal.
Sus trabajos me impactaron. Si, especialmente las caras. También están expuestas algunas piezas escultóricas que provocan reacción por el mensaje. La exposición, según los organizadores, está acompañada por talleres de formación en el ámbito de la educación artística y de las nuevas terapias a través del arte.
Los expositores, pertenecen a la Fundación estadounidense National Art Exhibitions by the Menalley Ill, y los trabajos pictóricos se han presentado en varios países latinoamericanos con el propósito de mostrarle a los «cuerdos» que ellos son capaces.
Vale la pena darse una vuelta por Ex Céntrico, sala de exposiciones del Centro Cultural de España, en el Centro Histórico, en la 7ª. avenida y 12 calle, y de paso tomar un buen café.
¡Livingston increíble!
Livingston tiene lindas playas y los garífunas son tan cálidos como su clima. Por razones de trabajo estuve en dicho municipio un par de días. Gocé de la brisa marina, el caminar por la calle peatonal, el viaje en lancha, ver volar a las gaviotas y saboreé la comida tradicional.
Pero me sorprendí ver pocos garífunas en las calles. «Muchos se han ido a los USA, porque las condiciones aquí están jodidas», me dijeron varias personas con las que platiqué. Y tenían razón, puesto que un diagnóstico realizado por Alfonso Arrivillaga estableció que miles de habitantes de Livingston se fueron al norte. Sin embargo, mantienen sus costumbres y tradiciones, y todos, según el estudio, tienen la esperanza de volver.
Lo cierto es que la arena blanca, el calor y el buen ambiente no tienen comparación.