Pilares del estado de Derecho (I)


El 20 de marzo de 1997 asumí­ la Presidencia de la Comisión de Reforma Electoral, con ocasión de la instalación de la misma. Ello me dio la oportunidad de pronunciar las palabras que transcribo a continuación, por considerarlas apropiadas al momento. Dije:

Lic. Mario Roberto Guerra Roldán

«La Constitución Polí­tica de la República establece, que Guatemala es un Estado libre, independiente y soberano, organizado para garantizar a sus habitantes el goce de sus derechos y de sus libertades; que su sistema de gobierno es republicano, democrático y representativo.

No vamos a entretenernos en hacer especulaciones cientí­ficas acerca de lo que el Estado es. Bástenos señalar, siguiendo a un conocido constitucionalista mexicano, que el Estado es una sociedad humana establecida en el territorio que le corresponde, estructurada y regida por un orden jurí­dico, que es creado, definido y aplicado por un poder soberano, para obtener el bien público temporal, formando una institución con personalidad moral y jurí­dica. (Acoto hoy ¿Conocen esta noción los que hablan de un Estado fallido?)

De los conceptos que nuestra Constitución Polí­tica señala, queremos subrayar el relativo a que su sistema de gobierno es democrático y representativo.

La democracia, todos lo sabemos, se hizo presente en la Historia a través de los griegos; fueron ellos y no otros, quienes sustentaron y desarrollaron en la Atenas de los siglos V y IV a.C., este maravilloso concepto de gobernar y convivir para lograr la realización de los altos valores ético polí­ticos, en beneficio de la colectividad. La democracia surgió, entonces, con un fuerte impacto; tanto es así­, que después de sistemas que la hicieron desaparecer, emerge nuevamente en la era moderna, pero más compleja y complicada dentro de su propia estructura y filosofí­a, aunque siempre como la mejor manera de convivir, de crear una conjugación de los intereses de los gobernados y gobernantes, que, a la postre, deben ser los mismos, puesto que la democracia no es más que la delegación de la soberaní­a del pueblo en aquéllos que ésta designa, para que sean el instrumento idóneo a fin de satisfacer las necesidades básicas en lo económico, de salud, de educación; en una palabra de bienestar común y de justicia social; es decir, que para que el régimen democrático sea una realidad, se hace indispensable que, como presupuesto, haya una vivencia colectiva en que los nacionales se unan fuertemente en un ligamen fraterno y racional, con una convicción, con una voluntad polí­tica de ser miembros de un solo ente, con principios de permanencia y convivencia pací­ficas con otros seres semejantes y con un deseo obsesivo, de ser libres tanto colectiva como individualmente, y de expresar sin cortapisas, su voluntad de participar en el poder.