En el libro X de la metamorfosis de Ovidio, poeta romano, año 43 a.C. se relata la historia de Pigmalión, un hombre escultor de oficio cansado de las propétides, mujeres que negaron la divinidad de Venus, por lo cual ella las castigó con el fuego de la lascivia, quienes fueron las primeras prostitutas. Ante el horror del descaro de las mujeres impúdicas, Pigmalión resolvió nunca contraer matrimonio, pero habiendo esculpido una estatua de una mujer hermosísima, se enamoró de ella.
Él pasaba largas horas admirándola, la describía con rostro dulce, poseedora de delicadísimas maneras, con un cuerpo “casto” y sugestivo al mismo tiempo. De tal modo que a esta mujer no le faltaba nada, más que el calor sutil de la vida…
El pobre Pigmalión acabó por no creerla estatua y se pasaba el tiempo besándola, abrazado a ella. Le decía palabras cariñosas, la adornaba con flores y joyas, la vestía y la denudaba con encendido instinto.
Por aquel entonces la diosa Venus llegó a la ciudad de Amatone y llegó a oír el ruego del enamorado Pigmalión: “¡Si es cierto que los dioses tenéis tanto poder, os ruego que insufléis vida a mi estatua para que pueda desposarme con ella!”. Venus le comprendió de manera inmediata. Y para presagiarle la fortuna, hace tres veces que una llama ascienda al Cielo en forma de pirámide.
De regreso al hogar, Pigmalión besa por primera vez a la estatua… y nota que el frío del mármol ha desaparecido, la abraza y la besa nuevamente y también nota que la dureza del material se convierte en blandura tersa de la carne. Después de dar las gracias más sinceras a Venus, en palabras y con pensamientos, Pigmalión se acuesta con la estatua y le prodiga caricias. ¡La estatua vive! ¡La estatua siente el ardor del amor!
Venus, que había hecho el milagro, protegió a los desposados, y al noveno mes, nacido Pafos, les entregó como regalo para éste la isla que había de llevar su nombre. Ciniras fue fruto también del mismo matrimonio.
Esta historia de amor, también es una relato misógeno. En el cual ninguna mujer es candidata para el amor, más que la que él elabora con sus propias manos, en donde tiene la certeza de la castidad de su esposa. Además, podemos observar que la diosa, casi de manera inmediata, le concede la concepción de un hijo. Es decir, que la sexualidad femenina es vista con fines exclusivos de la procreación. De otra manera, las mujeres caemos en categoría de propétides.
Es inverosímil que un relato expuesto con tanta antigüedad, pueda continuar siendo vigente en nuestro mundo actual, en donde la ideología del patriarcado continúa sosteniendo la misma manera de pensar.
De este relato se desprende también el efecto Pigmalión que ha sido aplicado a diferentes ámbitos: educativo, social, laboral, motivacional. Este efecto se refiere al fenómeno por el cual cuanto mayor sea la expectativa de colocar a la gente, mejor será su desempeño. Una de las críticas más importantes a éste, es que está basado en una ambigüedad, ya que este efecto puede ser positivo, pero también negativo.