La Unión Europea comienza a volcarse por una presidencia con un dirigente menos ambicioso y más apto para el trabajo en equipo, una opción que reduce las posibilidades del británico Tony Blair, a menudo mencionado como candidato para ese cargo a partir del año próximo.
Las negociaciones no hacen más que comenzar para este puesto de presidente del Consejo Europeo creado por el nuevo Tratado de Lisboa, un mandato de dos años y medio que se iniciará el 1 de enero de 2009 si los 27 países de la UE ratifican el texto.
Pero las discusiones son intensas, más teniendo en cuenta que es necesario nombra también un nuevo Alto Representante para las Relaciones Exteriores (el actual puesto de Javier Solana que será reforzado) y designar al nuevo presidente de la Comisión Europea tras las elecciones europeas de junio de 2009.
El jefe de Estado francés, Nicolas Sarkozy, cuyo país asume la presidencia rotativa de la UE en junio próximo, había sido el primero en lanzar en octubre pasado los nombres del ex primer ministro británico Tony Blair y el actual primer ministro luxemburgués Jean-Claude Juncker.
Estos dos dirigentes, de fuerte personalidad y conocidos a nivel mundial, podían dar «un rostro» a una Europa perjudicada por sus complejas instituciones, según Sarkozy.
Pero estas últimas semanas, varios responsables, entre ellos el propio Sarkozy, matizaron su discurso sobre Blair.
El presidente del grupo parlamentario del Partido Socialista Europeo (PSE), Martin Schulz, indicó tras una entrevista con Sarkozy que éste era favorable ahora a un presidente de un país que «participa en todas las políticas de la UE», es decir que esté en la zona euro y en el espacio sin fronteras Schengen, lo que excluiría a Blair.
El canciller belga Karel de Gucht avanzó un argumento similar y dijo además que había que limitar las prerrogativas del responsable elegido, recordando que sería presidente del Consejo Europeo y no «el presidente de Europa».
Alemania también apoya esta posición, lo que podrá favorecer la candidatura de Juncker o del primer ministro danés Anders Fogh Rasmussen, sobre todo si éste último logra que sus conciudadanos adopten el euro en un referendo que podría organizar en la segunda mitad del año.
Alemania también presenta al presidente de la Comisión Europea como un puesto preponderante.
En ese sentido, la canciller alemana íngela Merkel, artífice del compromiso sobre el nuevo tratado y considerada la responsable europea más influyente según un reciente sondeo, podría tener un gran peso a la hora de la decisión definitiva sobre esos cargos.
Para ello, habrá que tener en cuenta además los equilibrios país pequeño-país grande, Europa Occidental-Europa del Este y conservadores-socialistas.