El ministro de Hacienda alemán pidió a los tenedores de bonos soberanos griegos que compartan la carga que pesa sobre la espalda del país helénico y los cambien por otros títulos que venzan en siete años más, a fin de darle tiempo al gobierno socialista de Atenas para reformar su economía.
FRANCFORT / Agencia AP
Empero, la medida ha sido enérgicamente rechazada por el Banco Central Europeo, por considerar que podría causar una desconfianza generalizada en los mercados y el sistema financiero. Las agencias de clasificación de riesgo advirtieron que la medida sería una moratoria virtual.
Según el ministro Wolfgang Schaeuble, los tenedores de bonos —que han salido bien librados hasta ahora de posibles pérdidas ya que los contribuyentes de la eurozona han rescatado con créditos de contingencia a Grecia, Irlanda y Portugal— tendrían que hacer «cuantiosas y sustanciales contribuciones» al nuevo plan de ayuda analizado por los gobiernos de la eurozona y el Fondo Monetario Internacional.
La mejor forma de lograrlo sería mediante un canje de bonos griegos por otros nuevos que prolongarían la fecha de vencimiento por siete años, explicó Schaeuble en una carta, hoy, dirigida al director del BNC, Jean-Claude Trichet, el director gerente en funciones del FMI John Lipsky y otros funcionarios de alto rango.
El proyecto seguramente será resistido con empeño por el BCE, que se ha opuesto hasta ahora tenazmente a cualquier reestructuración de la deuda griega que perjudique a los tenedores de bonos.
La entidad sostiene que la medida causaría enormes pérdidas entre los bancos griegos —cuya salud financiera es muy precaria— y que Atenas no puede permitirse el lujo de rescatar. Además, al gobierno heleno le resultaría muy difícil acudir a los mercados internacionales de bonos para contratar préstamos ya que los inversionistas recelarían de una actuación similar con los suyos.
El BCE incluso amenazó con prohibir el uso de bonos soberanos griegos como garantía real para las operaciones crediticias del banco central si Grecia reestructura su deuda soberana. Ello podría causar la bancarrota del sistema bancario griego, que depende enteramente del BCE porque sus bancos no tienen acceso al crédito en el sector privado.