Pidamos útil información


Tal pareciera que la vigencia de la Ley de Libre Acceso a la Información haya servido para que nuestros conciudadanos solo enfoquen sus baterí­as para averiguar cuánto ganan los funcionarios, sus secretarias y demás personal a su servicio para satisfacer el morbo, inquietudes o para tirar lí­neas de un posible futuro polí­tico, si es que las circunstancias le permiten lanzarse al ruedo , cuando la disposición legal basada en lo que claramente ya establecí­a nuestra Constitución, persigue garantizar el derecho que todos tenemos para saber cómo es que se manejan los fondos públicos de ayer, hoy y siempre.

Francisco Cáceres Barrios

No se trata de satisfacer curiosidades, sino que todos nos enteremos de cómo se administra la cosa pública. Claro, que ahora es cuando saldrán las cucarachas de su escondite y saltarán liebres por todos lados, pero hay que tener siempre presente que el enriquecimiento ilí­cito ha sido una de las causas de nuestro subdesarrollo, como de la ausencia de progreso.

Hasta para poner el dedo en la llaga hay que aprender cómo hacerlo, porque el ministro podrá ganar 25 o más miles quetzales mensuales pero ¿cuánto es lo que en realidad mete a sus bolsillos, fuera por la ví­a del enriquecimiento ilí­cito, tráfico de influencias o simplemente porque toda la parentela participa en la confabulación que se arma alrededor del constante saqueo del Estado? Ahora es cuando tendrá que surgir la necesidad de «revivir» el delito de enriquecimiento ilí­cito que don ílvaro Arzú suprimió de un plumazo durante su mandato.

Ahora es cuando podremos enterarnos a fondo del funcionamiento de los «fideicomisos» en que se han escudado para hacer todo tipo de negociaciones con fondos públicos a espaldas de la población y ahora es cuando, hablando en puro lenguaje chapí­n, podremos confirmar el cómo, cuándo y dónde sinnúmero de parentelas han «saltado del petate al Cadillac» en menos de lo que canta un gallo.

Bien sabí­amos que al mentado «Smiley» iba a ser difí­cil probarle la retahí­la de delitos que le endilgó el ministro Gándara hace poco, pero ¿cuántos «Smiley»s» han existido en nuestra historia polí­tica que calladita la boca han impedido el desarrollo de polí­ticas sociales, económicas y de beneficio común y que por falta de fondos hayan perdido la vida miles de niños y adultos, por habérsele cerrado las puertas de los hospitales en sus narices, lo todaví­a lo siguen haciendo?

Visto desde esa panorámica, ojalá que nuestra población utilice racional e inteligentemente la oportunidad que ahora se presenta y algo más importante todaví­a, que se logre procesar sin dilación a quienes resulten responsables de haber cometido delitos, para no seguir con la inveterada costumbre de esperar que las comisiones pro transparencia rindan los resultados que la población ha demandado desde hace rato. No desmayemos, recordemos las palabras de Edmund Burke: «Todo lo que es necesario para el triunfo del mal, es que los hombres de bien no hagan nada»