Phoenix enví­a sus primeras fotos


Ilustración diseñada por la NASA, en una imagen idealizada del aterrizaje de la sonda Phoenix en Marte.

La sonda Phoenix de la Nasa envió hoy a la Tierra fotos inéditas del Polo Norte de Marte, tras un aterrizaje casi perfecto en el marco de la misión más ambiciosa hasta ahora en busca de señales de posibles formas de vida pasada o presente en el Planeta Rojo.


Una de las primeras imágenes enviadas por la sonda Phoenix del Planeta Rojo.

Las primeras fotos de la sonda dieron el primer pantallazo de las llanuras del írtico del planeta: un desolado paisaje de suelo pedregoso y congelado.

Las imágenes también confirmaron que los paneles solares indispensables para la provisión de energí­a a la sonda se habí­an desplegado correctamente, y también los mástiles de la cámara y estación climática.

Los cientí­ficos esperan que ese cielo marciano tenga un permafrost rico en agua, al alcance del brazo robótico de la sonda.

«Ver estas imágenes tras un aterrizaje exitoso reafirma el concienzudo trabajo de los últimos cinco años por parte de un gran equipo», dijo Barry Goldstein, director del proyecto Phoenix en el centro de control de la misión del Jet Propulsion Laboratory (JPL) en Pasadena, California (oeste).

Tras un viaje de nueve meses desde la Tierra, en el que recorrió 679 millones de kilómetros, la sonda Phoenix aterrizó en un área relativamente plana, según Goldstein.

Señales de radio recibidas a las 17:53 horas (en Guatemala) de ayer confirmaron que la nave habí­a sobrevivido a su difí­cil descenso final.

«Por primera vez en 32 años, y solo la tercera vez en la historia, un equipo del JPL ha logrado un aterrizaje suave en Marte», dijo en un comunicado el director de la agencia espacial estadounidense, la Nasa, Michael Griffin, calificando este logro de «increí­ble».

Como estaba planeado, Phoenix dejó de transmitir señales un minuto después de aterrizar y centró su limitada energí­a en desplegar sus paneles solares y realizar otras actividades crí­ticas.

Aún falta otra tarea clave, que es el uso del brazo robótico de la nave, planeado para mañana.

Este brazo articulado de 2,35 metros de largo está diseñado para cavar en el suelo a una profundidad de hasta un metro para buscar hielo y calentar muestras para detectar carbón y moléculas de hidrógeno esenciales para la vida.

También tiene una pequeña cámara que tomará imágenes del área circundante y de las muestras que tome el brazo.

Phoenix tiene otra cámara, que la Nasa considera sus «ojos», en la superficie de la sonda, que le permite captar imágenes panorámicas de alta definición.

Su calidad de estéreo ayudará a los cientí­ficos en la Tierra a tener visiones en tres dimensiones del trabajo que realiza el brazo robótico. También puede ser girada para tomar imágenes que brinden información sobre las partí­culas atmosféricas.

Phoenix cavará en la superficie marciana durante tres meses. Dado que la región polar de Marte está sujeta a cambios estacionales, los cientí­ficos creen que -al igual que en la Tierra- el ártico marciano podrí­a esconder un registro de un clima más cálido y habitable.

«Toda nuestra misión es cavar», dijo Peter Smith, principal investigador de la misión Phoenix, de la Universidad de Arizona, antes del aterrizaje.

«Creemos que la materia orgánica tiene que haber existido al menos en una época», producto de meteoritos y otros impactos, añadió.

La presencia de agua lí­quida y materia orgánica significarí­a que fue una «zona habitable», explicó.

Phoenix no estará sola. La NASA tiene también en suelo marciano a los robots Spirit y Opportunity, que exploran la zona ecuatorial del planeta rojo desde 2004.

Parecido a la Tierra


Marte, el planeta donde ayer se posó la sonda estadounidense Phoenix, es el cuarto planeta del sistema solar por su tamaño, y los cientí­ficos creen que probablemente se pareció mucho a la Tierra en su primera juventud.

Hace 4 mil millones de años el Planeta Rojo era cálido y húmedo, antes de convertirse en un inmenso desierto frí­o y con una atmósfera e irrespirable desde el punto de vista terrestre.

La atmósfera marciana está compuesta de 95% de dióxido de carbono (CO2), 2,7% de nitrógeno, 1,6% de argón y rastros de vapor de agua y oxí­geno (0,13%).

En cambio, la atmósfera terrestre está formada en 78% de nitrógeno y 20,6% de oxí­geno.

Por otra parte, Marte posee dos satélites naturales de tamaño pequeño y forma irregular, Phobos y Deimos, probablemente asteroides capturados por su fuerza de atracción.

El radio de Marte (3.397 km) es dos veces más pequeño que el de la Tierra, y su superficie corresponde aproximadamente a la de nuestros continentes.

Su masa es un décimo de la masa terrestre y su densidad es la más débil de los planetas telúricos del sistema solar, lo que le otorga una fuerza gravitacional ligeramente inferior a la de Mercurio.

La oblicuidad de Marte es cercana a la de la Tierra, lo que lo dota de estaciones comparables. Otro punto común es que el dí­a marciano supera en solamente 40 minutos el dí­a terrestre. Pero la gran distancia relativa de Marte respecto al sol (1,5 veces más) hace que el año marciano sea casi el doble (687 dí­as) que el año terrestre.

Su órbita elí­ptica que lo acerca y aleja del Sol de manera muy acentuada explica los importantes cambios de temperatura en su superficie, que varí­an de -120º a más de 25ºC.

Los casquetes polares de Marte son de composiciones diferentes: en el sur el hielo está formado de CO2 con un poco de agua, mientras que en el norte se trata de hielo de agua. Durante el invierno, la atmósfera de CO2 se condensa y recubre la mayor parte de las regiones polares con una capa de nieve carbónica de una decena de centí­metros.

Marte tiene el macizo más alto del sistema solar. El monte Olympus culmina en 25 km de altura, con una base de 600 km de diámetro. Es además el mayor volcán conocido de todo el sistema solar. Su chimenea mide 85 km de ancho y 3 km de profundidad.

Marte tiene además un enorme domo de 10 km de altura y 4 mil km de ancho, formado por rí­os de lava, cañones de 7 km de profundidad y 4 mil km de ancho, y un cráter de 6 km de profundidad y 2 mil km de diámetro.

Señales de erosión, depósitos sedimentarios, rastros de antiguos rí­os y lechos de rí­os secos testimonian la presencia de gran cantidad de agua en el pasado en la superficie marciana.

Marte está formado de un núcleo ferroso recubierto de rocas en fusión, y luego de una fina corteza, como la Tierra. Pero su núcleo contiene una gran cantidad de azufre.

Marte debe su calificación de «planeta rojo» a su aspecto rojizo debido al óxido de hierro contenido en los minerales de su superficie.

Es el planeta que más ha avivado la imaginación popular, con obras famosas como «La guerra de los mundos» de George Wells en 1898.