«Pese a que el Gobierno anunció su interés por incrementar la producción petrolera, para paliar la crisis provocada por los altos precios del crudo, los planes para licitar seis nuevas áreas de explotación petrolera, que ya habían sido preparados por la anterior gestión de í“scar Berger, se retrasaron por razones desconocidas», dice en partes conducentes la nota económica escrita por L.Reynolds/V.Gudiel en el matutino elPeriódico, del miércoles 29 de octubre de 2008, Pág. 9, «Economía».
Lo que parecen decir los periodistas Reynolds y Gudiel es que a Berger ya no le dio tiempo de somatar las seis nuevas áreas de explotación y que este gobierno ha sido más cauto para no caer en la tentación de vender las concesiones por lo que quieran dar las transnacionales, adicional al tradicional y multimillonario soborno o mordida a los presidentes, diputados, ministros y a la lista de otros involucrados.
Las concesiones para la explotación petrolera en Guatemala deben darse a las petroleras transnacionales, porque la cobardía del capital nacional es evidente, únicamente invierte en tierra y otros bienes reales, en monopolios y oligopolios de productos base. El capital nacional no corre riesgos.
Las concesiones a las petroleras deben realizarse, pero deben negociarse perfectamente las condiciones de la explotación y, con suma acuciosidad, una utilidad económica congruente con lo que significa deshacerse de recursos naturales no renovables para el Estado guatemalteco y para su ciudadanía.
En el inicio de la nota periodística de marras, describen una declaración de Carlos Meany, ministro de Energía y Minas, durante una entrevista publicada en el mes de mayo pasado: «Es necesario aumentar la producción petrolera nacional hasta 100 mil barriles diarios, así podríamos ser autosuficientes».
Lo que no explica el matutino ni el ministro Meany es para qué «podríamos ser autosuficientes». Para ser autosuficientes en el orden petrolero deben considerarse muchos elementos, como por ejemplo cuál sería la calidad del petróleo que se produciría en los nuevos pozos, si hubiera. Además habría que considerar la construcción de una refinería completa, la cual sería onerosa si la cantidad de crudo a procesar no llenara las expectativas de calidad y cantidad para que ésta sea autofinanciable al corto o mediano plazo, además de otras consideraciones que sería, por espacio, largo de enumerar.
No debemos olvidar que, con el beneplácito del gobierno de Berger, la transnacional Perenco prácticamente eliminó los presupuestos destinados al cuidado del Medio Ambiente y la Seguridad Industrial y no hay diputados o diputadas que se acuerden de darle un vistazo a los desmadres que hacen éstos con la degradación de la naturaleza.
Lo cierto es que el petróleo de Guatemala debe explotarse, una vez se logren las condiciones que favorezcan al Estado y a la colectividad, logrando precios dignos. La ciudadanía debe saber que los porcentajes que debe dejar una transnacional son totalmente negociables. Lo malo es que las negociaciones las hacen a favor de los burócratas involucrados en las clásicas mordidas y no a favor del Estado o de la Nación, como debería ser en países en donde la corrupción es mínima o inexistente.
Dentro de las negociaciones deberían quedar establecidas estrictas normas de obligaciones sociales, ambientales y de seguridad industrial que deben regir a las transnacionales y que las ONG puedan supervisar su cumplimiento.