Pese a las alzas, no se reducen los subsidios


Un letrero anuncia la rebaja de los productos en una tienda de Hong Kong. Pese a la crisis económica, los grandes paí­ses se rehúsan a implementar medidas para mejorar el comercio de materias primas.

El alza de los precios de los alimentos deberí­a facilitar un acuerdo agrí­cola entre los miembros de la Organización Mundial del Comercio (OMC), pero los paí­ses industrializados se resisten a reducir los subsidios que centran las discusiones de Ginebra.


«La crisis alimentaria dio nuevas energí­as a los dos bandos», comentó el director general de la OMC, Pascal Lamy, antes de la reunión ministerial que se inició ayer.

Los paí­ses en desarrollo consideran que los agricultores de los paí­ses ricos deberí­an estar satisfechos con las cotizaciones de las materias primas y por lo tanto menos necesitados de subsidios. Pero los defensores de las subvenciones alegan que hoy es más necesario que nunca asegurar la independencia alimenticia de los paí­ses del Norte, explica Lamy.

La escalada de los precios de los alimentos, superior a un 40% en los últimos dos años, desencadenó motines en varios paí­ses en desarrollo.

La lucha contra los subsidios apunta directamente a la Unión Europea y Estados Unidos.

«La carne vacuna exportada (por Europa) a Africa es más barata que la que se produce allí­. Eso contribuyó a la erosión de la agropecuaria africana», afirma Patrick Messerlin, economista de la Universidad de Ciencias Polí­ticas de Parí­s.

En Estados Unidos, el monto de las ayudas a los agricultores está vinculado a las cotizaciones mundiales. Un alza del precio de los ví­veres deberí­a permitir, en teorí­a, disminuir los subsidios de los agricultores con mayores ingresos.

«Si los precios se mantienen altos, Estados Unidos podrá adaptarse a los nuevos compromisos de la OMC sobre los subsidios directos, realizando ajustes modestos de sus polí­ticas internas», escriben los analistas del Centro Internacional por el Comercio y el Medio Ambiente Sustentables (ICTSD), una organización no gubernamental con sede en Ginebra.

Sin embargo, la nueva ley agrí­cola estadounidense (Farm Bill), aprobada en junio por el Congreso, prevé desembolsar subsidios agrí­colas por el monto colosal de 290 mil millones de dólares.

En Europa, los subsidios no se deciden según las variaciones del mercado, sino que se calculan sobre el periodo de referencia 2000-2002, cuando los precios estaban en sus mí­nimos. Por eso las sumas distribuidas siguen siendo las mismas, pese al mercado floreciente.

«Los subsidios son tanto más ilegí­timos cuanto más nos alejamos del periodo de referencia», apunta Messerlin, y añade que el alza de precios de los alimentos «debilita la lí­nea de defensa» de los agricultores europeos en las negociaciones de la OMC.

El proyecto en discusión en Ginebra prevé un recorte del 50% al 85% -según las distorsiones que causen en el comercio mundial- de los subsidios otorgados por los paí­ses desarrollados.

La Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE) evalúa en 214 mil millones de euros el total de los subsidios vertidos anualmente a los agricultores de sus 36 paí­ses miembros (los de mayor desarrollo del mundo).

La Unión Europea es de lejos la potencia más pródiga en subsidios, con 110 mil millones de euros otorgados en 2006, por delante de Japón (32 mil millones), Estados Unidos (23 mil millones) y Corea del Sur (20 mil millones).

El alza de precios en los paí­ses que otorgan subsidios provocó por otra parte una reacción inesperada de paí­ses productores, como India o Egipto, que llegaron a restringir sus exportaciones agropecuarias para evitar la escasez en sus mercados internos.

El comisario europeo de Comercio, Peter Mandelson, fustigó ese tipo de medidas, que dan la «ilusión de la seguridad alimentaria».

El presidente francés, Nicolas Sarkozy, salió en defensa de los subsidios.

«En un mundo en el que hay 800 millones de personas que pasan hambre, en el cual un niño muere de hambre cada treinta segundos, no me harán aceptar la reducción de la producción agrí­cola en el altar del liberalismo mundial», declaró.

«Los subsidios son tanto más ilegí­timos cuanto más nos alejamos del periodo de referencia».

Patrick Messerlin

economista de la Universidad de Ciencias Polí­ticas de Parí­s