Gabriel, quien vivió por 20 años de la pesca artesanal, sale a pescar a la bahía de Río de Janeiro pero esta vez sin red: no va a capturar peces, sino a retirar con sus propias manos toneladas de basura que contaminan este lugar de ensueño al pie del Pan de Azúcar.

«Recogíamos cada vez más desechos en nuestras redes y a veces se enredaban en las hélices del barco y las rompían», contó.
Gabriel forma parte del proyecto «Bahía limpia» organizado a inicios de año por la Federación de Pescadores del Estado de Río de Janeiro para mejorar las condiciones de vida de unos 20.000 pescadores de la región que encuentran cada vez más dificultades para vivir de la pesca artesanal.
«Hace diez años todavía se podía vivir. Hoy ya no», explicó Edmo, de 54 años, 30 de ellos dedicados a la pesca.
Desde 1995 existe un programa de descontaminación de la bellísima bahía de Guanabara de Río, que se llevó más de 1.000 millones de dólares, sin resultados visibles.
No solamente una buena parte de las cloacas de los 10 millones de cariocas van directamente al mar, sino que también los habitantes de la ciudad tiran todo tipo de residuos en los ríos que mueren en la bahía, incluidos televisores, neumáticos, refrigeradores y hasta autos, sin contar toneladas de papeles y plásticos.
Financiado por el gigante estatal del petróleo Petrobras, el proyecto apunta a concientizar a la población sobre la urgencia de salvar la bahía.
Está previsto «cartografiar las zonas más críticas y analizar los desechos», explicó la geógrafa Jamylle Ferreira, miembro del proyecto.
Los pescadores salen al mar tres veces por semana con la misión de recoger la basura que puede ser reciclada, y en promedio vuelven con 15 toneladas de residuos por salida.
En particular el plástico es extremadamente nocivo para la fauna y la flora locales, ya que bajo este material nada crece ni nada nace. Algunas especies de peces ya desaparecieron irremediablemente de la bahía y la acumulación de residuos orgánicos suele generar un fuerte y desagradable olor en la zona.
Unos 140 barcos se ocupan de esta tarea, y los pescadores trabajan de forma rotativa por períodos de tres meses durante los cuales reciben una ayuda financiera por este trabajo. Pero el objetivo no es reemplazar la pesca.
De aquí a fin de año unos 1.200 pescadores habrán participado del proyecto.
«Sabemos que no llegaremos a limpiar la bahía, pero no es nuestra intención. Queremos antes que nada aprovechar la experiencia de los pescadores que conocen los lugares críticos, frecuentemente en la desembocadura de los ríos en donde habitan», afirmó Jamylle, quien señala que algunas alcadías no colaboran con la iniciativa.
«Cuando los pescadores traen a tierra las bolsas con basura, la alcaldía de algunas comunas ni siquiera vienen a retirarlas», afirmó.
Una parte de esta basura alimenta una «usina verde» piloto, instalada en la orilla de la bahía, financiada por el sector privado. Los residuos que no sean reciclados serán incinerados y servirán para producir energía.
Usinaver trata unas 30 toneladas de basura al día y espera expandir el proyecto a otros puntos del país, además del instalado en esta bahía de gran atractivo visual y turístico en Rio de Janeiro.
JAMYLLE FERREIRA
miembro del proyecto