Perverso fervor


El colmo de los guatemaltecos que se consuma esta semana ferviente, es sentir más exaltación y culpa por cargar el í­cono religioso de una imagen que lo que se experimenta al enterarse diariamente sobre cuerpos que son acribillados, asesinados, mutilados y negados diariamente. Lo más grave de este acabose es evadir a cada momento y a toda costa la realidad de la precariedad que destacamos como grupo social.

Julio Donis

A la pregunta que cuestiona por qué los habitantes de esta sociedad permanecen inmóviles ante la indignante matanza de humanos, yo me respondo en parte con la paradoja que ilustré en el párrafo anterior. El fervor religioso llevó a los guatemaltecos a consumir más í­conos y tradiciones como forma de expiación de su culpa doble moralmente ensanchada, que a generar procesos de autoconciencia sobre la noción de la realidad y de las propias injusticias. El terreno para que el fervor inunde las conciencias es fértil porque hay poca cultura y por lo tanto no priva la razón ante la incertidumbre sino la ansiedad que encuentra sosiego y respuestas, en la fórmula de salvación eterna que promete el fundamentalismo religioso, no solo católico sino el cristianismo neosectario.

Andar por el Centro Histórico de esta semana es acudir al delirio de un conglomerado que se desborda por las calles, enarbolando un fervor religioso que se trata destacar por todos los medios. Desde mi lado de la banqueta veo a esa misma gente teatralizando su misma condición de espectadora de La Pasión de Cristo, recargando un año más su depósito de fervor. Observo más sensibilidad congoja y organización social por la tradición procesional de la semana, que por el flagelo de la violencia que semana a semana nos lacera y nos mata.

La zona de fervor parece delimitarse desde los aledaños de la Calle Martí­ hasta el Centro Cí­vico, justo donde se ve estos dí­as una valla publicitaria ilustrada con dos pies ensangrentados y clavados, motivando a que usted sienta fervor. La antesala de la semana del fervor deja reporte de la cuota habitual de asesinatos y violencia, aunque con una ciudad paralizada y presa del pánico provocado por la derecha que es ultra, para sabotear y llevar a un lí­mite peligroso de desgaste polí­tico al actual Gobierno.

Por las calles se comprueba una verdadera organización barrial para diseñar verdaderas alfombras que guiarán la caravana ferviente. Si toda esa organización social dirigiera espontáneamente su rechazo a la violencia, se abonarí­a por lo menos a la reconstitución de la dignidad, lamentablemente somos un pueblo que está unido en el fervor y terriblemente fragmentado para la transformación de su propia condición material.

Los cortejos procesionales avanzan en la semana por las calles en las que seguramente se encontrarán el fervor y la razón. ¿Cuál es la posibilidad que tiene la segunda en medio de un paso procesional que reúne consternados fieles en turno de carga, que distraen su fervor por un momento para identificar si les pertenece el teléfono celular que suena insistentemente? Es la misma posibilidad que tiene ese fiel de saber diferencia entre la creencia que un dí­a oirá la llamada milagrosa en cualquier lugar sea cual sean las circunstancias y la promesa que ofrecen las empresas de telefoní­a móvil de una llamada segura.