La gran cena de estado para el primer ministro británico David Cameron y su esposa —la más grande que hayan ofrecido Barack y Michelle Obama— fue una mezcla potente de celebridades, glamour, peso empresario y dinero político bajo una gran carpa en el jardín sur de la Casa Blanca. Fue algo digno de un año electoral.
El elenco incluyó algo especial para las dos parejas: los Obama son grandes admiradores de John Legend, como David y Samantha Cameron lo son de la banda británica de folk-rock Mumford & Sons.
Obama también es fanático del actor Damian Lewis, de la serie «Homeland», quien dijo camino de la fiesta que quería preguntarle al presidente cuándo tenía tiempo para mirar televisión.
Entre las 360 personas que consiguieron entradas para la cena se contaban el actor George Clooney, el multimillonario Warren Buffett, el juez de la Corte Suprema Antonin Scalia, el empresario Richard Branson y el magnate cinematográfico Harvey Weinstein, uno de los mayores recaudadores de fondos para la campaña de reelección del presidente.
Una treintena de los mayores donantes a la campaña de Obama fueron invitados, de acuerdo con un estudio de la lista de invitados realizado por la Associated Press.
También estaban en la lista Hugh Bonneville y Elizabeth McGovern, de la serie inglesa «Downton Abbey», y Rory McIlroy, flamante número uno del golf mundial. El norirlandés de 22 años estaba tan emocionado que tuiteó una foto de cuando le probaban su esmoquin.
A la Casa Blanca le gusta dejar en suspenso lo que habrá en el menú, pero sí reveló que los chefs estaban en el jardín sur cosechando pequeñas coles y varias verduras para usarlas en la cena. Este es otro de los puntos en común con los Cameron, que tienen un huerto en su residencia oficial en Downing Street.
La cena es para fomentar la famosa «relación especial» entre Estados Unidos y Gran Bretaña. Y aunque el primer ministro no es el jefe de estado — la visita de los Cameron es una «visita oficial», no una «visita de Estado»_, los Obama prefirieron llamar su gala «cena de Estado» y darle toda la pompa y ceremonia que la acompaña.
Los Obama también se esforzaron con los regalos que escogieron para los Cameron.
El primer ministro británico recibió una parrilla para carbón y madera con las banderas de la amistad británica y estadounidense, así como batas de chef con sus nombres bordados. Los regalos recuerdan la visita de los Obama en Londres en 2011, cuando prepararon hamburguesas a la parrilla para militares británicos y estadounidenses.
La primera dama Michelle Obama le dio a la señora Cameron un frasco de miel de la Casa Blanca y los hijos de Cameron recibieron sillones tipo «puff» con sus nombres bordados y el sello presidencial.