El hundimiento de los mercados bursátiles registrado al inicio de la semana generó temores de una recesión en Estados Unidos capaz de afectar la economía mundial, que persisten pese al vasto plan de reactivación lanzado por Washington.
La Reserva Federal estadounidense (Fed) decidió el martes una drástica reducción de su tasa directriz a 3,5%, que no fue suficiente para detener la caída en cadena de las bolsas americanas, asiáticas y europeas y el jueves la administración de George W. Bush acordó con líderes del Congreso un plan de reactivación económica que inyectará cerca de 150 mil millones de dólares en los hogares y empresas.
«Lanzar a toda prisa este plan tiene, ante todo, un beneficio psicológico», estimó el economista independiente Bernard Baumohl.
Los estadounidenses podrían recuperar la confianza en el futuro y aumentar el consumo, en base a la devolución de impuestos, que puede llegar a 1.600 dólares por familia. Pero el efecto de esta medida sería limitado y podría llegar tarde.
«Todo el dinero no será gastado. La experiencia prueba que casi un tercio será para pagar deudas» y otra parte será ahorrado, destaca Baumohl.
«Este plan no actuará antes de varios meses», asegura por su parte Lawrence Mishel, presidente del Instituto de Política Económica (próximo a la oposición demócrata), aludiendo a que las declaraciones de impuestos serán recibidas hasta el 15 de abril y deberán hacerse los cálculos correspondientes.
Estas inquietudes son compartidas por analistas latinoamericanos, preocupados por los efectos de la crisis no solamente en los mercados bursátiles, sino en el comercio y sobre otros importantes recursos para los países de la región, como las remesas enviadas por los trabajadores emigrantes.
«No sabemos cuán grave será la crisis de Estados Unidos y, si bien el sistema está listo para amortiguar estas situaciones, hay que estar preparados para el peor escenario. No sería tan optimista respecto de que los precios de los commodities no se verán afectados», señaló Julio Nogués, profesor de la privada Universidad Di Tella de Buenos Aires.
El director general de Moody»s en México, Alberto Johns, refiriéndose a las eventuales repercusiones sobre la industria mexicana, dijo que «es factible que los sectores que están más vinculados a la actividad de consumo en los Estados Unidos, como lo es el automotriz, puedan verse más expuestos a la recesión».
José Antonio Cerro, académico de la Universidad Iberoamericana, destacó que una recesión en su vecino del norte afectaría más a México que a otros países latinoamericanos, porque el 40% del Producto Interno Bruto mexicano depende de sus exportaciones a Estados Unidos, que representan 85% del total.
La posible reducción de las remesas familiares constituye otro factor de preocupación para los países latinoamericanos, ya que éstas se han convertido en un importante motor del consumo y del ahorro, aunque al mismo tiempo aumentan la vulnerabilidad de sus economías.
Las remesas enviadas a Latinoamérica desde los países desarrollados, principalmente Estados Unidos, alcanzan unos 60 mil millones de dólares anuales, y superan el monto de la inversión extranjera directa y de la asistencia extrarregional para el desarrollo, subrayó Betsy Murray, del Fondo Multilateral de Inversiones del BID, en un encuentro realizado en Costa Rica esta semana.
Otros analistas ven la situación desde otro ángulo. El investigador José César Castanhar, de la Fundación Getulio Vargas, observó que «la economía brasileña creció más vigorosamente justamente cuando comenzaba la crisis estadounidense» y en consecuencia no espera una retracción de las inversiones.
Bernard Baumohl
Analista independiente