El asesinato del periodista guatemalteco Rolando Sántiz, como el de otros también muertos a tiros, así como los ataques y amenazas a personas vinculadas a diferentes medios de comunicación, es motivo para que guatemaltecos y guatemaltecas se pregunten si realmente se ha establecido en Guatemala una relación democrática entre ciudadanía y quienes ejercen el periodismo y contribuyen a inculcar valores relacionados con la educación cívica. De no ser así, se puede señalar la existencia de un vacío en materia de cultura ciudadana («…la forma como entendemos y ejercitamos los derechos y obligaciones que tenemos como miembros de una comunidad»). Asimismo, no debe olvidarse que la comunicación «es un proceso social fundamental, una necesidad humana básica y el fundamento de toda organización social» (Declaración de principios de la cumbre mundial sobre la sociedad de la información).
La acción de asesinar al periodista Sántiz agrede a la ciudadanía guatemalteca al anular las normas de convivencia democrática y el principio de pluralidad, porque en estos dos factores se encuentra inmerso el hecho de que la manifestación de las ideas no debe ser motivo de inquisición por parte de nadie. Además, vulnera la Declaración Universal de Derechos Humanos. El derecho a la información -el cual tiene rango constitucional y es básico en la vida de hombres y mujeres- se les niega a ciudadanos y ciudadanas de Guatemala con el asesinato de Sántiz. Se anula la libertad pues «El ciudadano sin más se define por su participación en la justicia y en el Gobierno».
El hecho de vivir en sociedad nos convierte a todos en seres humanos interactuantes. Esta situación significa asumir responsabilidades y una de ellas es el conocimiento de los derechos y ejercerlos. La participación ciudadana es, entonces, el conjunto de actividades voluntarias a través de los cuales hombres y mujeres intervienen en los asuntos de su comunidad. Asesinar a un periodista evita que la ciudadanía pueda comprometerse en las decisiones colectivas -buscando el bienestar de la sociedad- y una de las principales formas de participación lo constituye el respeto a ejercer el periodismo.
El trabajo del periodista Sántiz consistía en proceder conforme a una norma ética la cual señala que se deben trasladar los hechos sin manipular a la opinión pública. Este criterio no lo comparten los eternos impulsores del crimen en Guatemala. Los que siempre han agredido a la prensa cuando la realidad no se acomoda a sus intereses. Ojalá se les sancione de acuerdo a las leyes. Quienes cometieron el hecho criminal deben ser castigados y no debe convertirse en otro caso de impunidad.
El periodista mantiene una estrecha vinculación con la ciudadanía y evoluciona junto a ella. Los dos se ven a través del tiempo y se desarrollan -como es el caso de Guatemala- y ambos participan para lograr una mayor democratización de la información. Este aspecto debe defenderse sin permitir disfunciones como la del periodista Sántiz. Su asesinato agredió ese tejido social donde se desenvuelve el comunicador y su derecho de informar a una sociedad que reclama racionalidad. Los asesinos de Sántiz se propusieron anular al ciudadano dándole un manotazo a la heterogeneidad.
El periodista Sántiz lograba ver las diferencias en su sociedad y trasladaba el deseo de vivir de grupos o individualidades. Trabajaba con palabras comunicando historias. Lo asesinaron aquellos que aún sostienen una visión deformada de la realidad. Son los mismos que han segado la vida de otros seres humanos por expresar sus ideas. No han comprendido que la sociedad es la razón de ser del periodismo. Matar a un periodista o ejercer contra él ataques de diversa naturaleza, es una acción cobarde porque vulnera la esencia misma de la sociedad.
El asesinato del periodista Sántiz es un golpe a libertad de prensa y anula el derecho de la ciudadanía guatemalteca a buscar, recibir y difundir información. No castigar a los responsables genera un clima de temor y vulnerabilidad. En la actualidad, la sociedad guatemalteca se encuentra en el proceso de impulsar la democracia, justicia y paz, para fortalecer el respeto a la dignidad de ciudadanos y ciudadanas, conscientes de que la vida humana es única y valiosa. Este hecho lo tratan de anular quienes sacan la pistola cuando escuchan la palabra cultura. En otras palabras, la ideología del fascismo.