“Dios es tierno y compasivo, está ansioso de perdonar nuestros pecados”. Los cristianos reconocemos que Jesucristo vino al mundo y murió en la cruz para redimir los pecados de la humanidad.
Conocí al sacerdote Mario Orantes en el Centro Preventivo de la zona 18, al principio no me era simpático por considerar que de alguna manera había estado involucrado directa o indirectamente en el asesinato de Monseñor Juan José Gerardi.
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Paulatinamente me fui percatando de su forma de ser y de su comportamiento, todas las mañanas salía y se sentaba en el patio a leer su breviario, los jueves y domingos, acompañado por otras personas detenidas en el sector 12, se dirigía a la pequeña iglesia que existe dentro del centro de detención, la cual él había restaurado con el apoyo de personas detenidas y celebraba misa para quienes deseaban asistir. Todos los días se dedicaba a leer o trabajar escuchando música con sus pequeños audífonos y como comúnmente decimos se desconectaba del ambiente que lo rodeaba, si alguien le dirigía la palabra tenía que hacerlo de manera fuerte y evidente, de lo contrario no se percataba de lo que sucedía a su alrededor. Mario Orantes disfruta de comer y siempre estaba agradado si alguien compartía alguna buena comida con él. Las visitas que recibía prácticamente estaban reducidas a su señora madre y a su asesor jurídico.
¿Cuál pudo haber sido la participación del padre Orantes en el asesinato del Obispo Gerardi? Solo Dios y él lo saben aun cuando los tribunales le condenaron a una pena que cumplió durante 11 años y fracción hasta que la semana pasada se le permitió la libertad al haber cumplido más de la mitad de la sentencia, haber observado buena conducta y ante todo haber trabajado en favor de cientos de detenidos a quienes les prestó su apoyo y orientación moral. Su salida de la prisión fue cubierta por todos los medios de comunicación social, en los artículos ninguno se refirió, mucho menos investigó, cuál había sido su comportamiento durante los años que había estado privado de libertad.
Monseñor Rodolfo Quezada, quien me distinguió con su amistad y cariño, en varias oportunidades, conversando sobre el padre Orantes, siempre la conclusión que manifesté fue que dentro de la prisión preventiva Mario Orantes estaba realizando una labor que ningún otro sacerdote hace en nuestro país. También en alguna oportunidad, su excelencia el Cardenal Quezada me indicó que había consideraciones de si procedía o no someter a un juicio eclesiástico a Mario Orantes, lo cual en todo caso él consideraba no iba a suceder durante su vida.
En Derecho, a nivel universal, está establecido que nadie puede ser juzgado dos veces por un mismo delito. Independientemente si Mario Orantes fue parte directa o indirecta del asesinato de Monseñor Gerardi, la ley positiva, los Tribunales de Justicia establecidos por el ordenamiento de nuestro país le han juzgado, ahora surge la interrogante si es o no procedente que un tribunal eclesiástico entre a conocer, a juzgar de nuevo el hecho de su responsabilidad y participación.
La sentencia, la cárcel se ha establecido para que una persona que se le considere culpable redima su responsabilidad y por lo que yo en lo personal he podido observar, sin ser un amigo específicamente de Mario Orantes, creo que cualquier responsabilidad que tuviera en el censurable asesinato de Monseñor Gerardi, él ante los hombres ha cumplido su pena o sentencia, qué mejor momento para que sus hermanos, en comprobación de nuestra fe cristiana, en respeto a la enseñanza de Jesucristo, otorguemos el perdón que corresponde.
¡Guatemala es primero!