Perdieron la credibilidad


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Estaban advertidos, el gobierno de Pérez Molina en vez de empezar con buen pie se puso a sembrar la desconfianza lanzando proyectos que nunca mencionó durante su campaña electoral y que, en vez de lograr su objetivo de desviar la atención ante la falta de cumplimiento de sus promesas, provocaron la pérdida de credibilidad en la población.

Francisco Cáceres Barrios
fracaceres@lahora.com.gt


No es cierto que haya gente que se opone al progreso del país. Es absurdo pensar en  dejar de tener mejores puertos marítimos o aéreos; grandes y valiosos museos, mucho menos evitar la creación de más y mejores empleos. A lo que la gente se opone radicalmente es a que el Gobierno se resista a ser transparente.

¿En qué cabeza cabe que las autoridades del Inguat necesiten varios días para responder o aclarar la denuncia de gente honrada y trabajadora que teme o se siente amenazada porque le puedan quitar los locales en donde realizan sus actividades comerciales que proporcionan el sostenimiento de muchos hogares guatemaltecos? A la postre, las  declaraciones oficiales lo único que dejaron en claro fue que existen proyectos que, a la hora de realizarlos, podrían confirmar las ahora sospechas.

Hace días individuos encapuchados diciendo ser estudiantes universitarios, con planta más de bochincheros o delincuentes, bloquean  el ingreso a la Ciudad Universitaria tratando de justificar su ilegal proceder para que a su casa de estudios se le aumente la asignación presupuestaria. ¿Qué creen, que con esa actitud sus peticiones van a ser atendidas, cuando sumándose a tan pobre y despreciable actitud ni siquiera tienen el valor ni entereza de mostrar sus rostros e identificarse plenamente? Pues esa misma pérdida de credibilidad ocurre con la ausencia de transparencia en los actos de gobierno. 

Todos ellos, al igual de los que realice una persona individual o jurídica no solo deben justificarse plenamente sino deben provocar la debida confianza y certeza dentro de la población. Por demás es notorio que nuestras autoridades pronto olvidaron la triste experiencia sufrida con gobiernos anteriores. De esa cuenta, hace rato la población dejó de creer en cantos de sirena, más todavía cuando los responsables de actos corruptivos a ojos de todo el mundo siguen tranquilos, riéndose a carcajadas porque las acciones dilatorias empleadas por sus defensores siguen sentando sus reales y así en el país, la justicia pronta y eficaz siga siendo una quimera.

Lo peor es que las autoridades fuera por inexperiencia o incapacidad han contratado a gente que importándoles poco la ética, valores y principios en el ejercicio de su profesión le dicen amén a todo lo que ordenen o dispongan por ejemplo, cuando la misión de las oficinas de relaciones públicas  es abrir las puertas o transparentarlas para que se vea hacia adentro, disponen cerrarlas para que no se sepa toda la verdad. ¿Si no hay nada anómalo por qué actuar tan torpemente o es que nos siguen viendo cara de lo que no somos?