Al hablar con los periodistas del uso de un avión particular para el viaje del presidente Colom a la Cumbre de Río en República Dominicana, el vicepresidente Espada reclamó que debía pensarse en positivo y que el hecho de que algún amigo le preste su jet privado al mandatario no significa que obtenga alguna ventaja. Dijo que él mismo recibe muchas cosas prestadas de sus amigos sin que eso lo comprometa.
La experiencia en Guatemala y en el mundo demuestra que hay ciertas cosas en las que no se vale pensar en positivo salvo que uno sea ingenuo. Para hablar de algo que el doctor Espada entiende perfectamente, hay que decir que en el país donde vivió por mucho tiempo, los Estados Unidos, el Congreso emitió una ley en septiembre pasado, conocida como «Honest Leadership and Open Government Act of 2007 (HLOGA)», en la que prohíbe de manera específica que los miembros de la Cámara de Representantes, del Senado y por supuesto del Ejecutivo, así como los candidatos a ocupar puestos en ambas ramas, puedan hacer uso de ese tipo de aviones. Si los congresistas de Estados Unidos hicieran lo que dice Espada, estarían pensando en positivo y no verían nada de malo en que una empresa pueda ofrecer a los políticos ese privilegio.
No es que uno sea mal pensado, pero si resulta que el avión que usa el Presidente pertenece a la empresa Disagro, importadora de fertilizantes, y luego el Estado le compra a esa empresa, aunque la operación sea totalmente lícita, dejará un mal sabor de boca. Y es que deberá saber el Vicepresidente que hay que ser como la mujer del César, es decir, que no basta con ser honrada, sino que debe aparentarlo.
Cabalmente porque el tráfico de influencias es uno de los temas más delicados del ejercicio del poder y donde se pueden dar distintas formas de corrupción, en la mayoría de países existen regulaciones muy estrictas para prevenir ese vicio. Si en Estados Unidos, con un eficaz sistema de fiscalía para investigar delitos de corrupción y tribunales para juzgarlos, se ve en obligación de adoptar esas medidas preventivas, ¿Cuánto más en nuestra Guatemala carente de fiscales y de jueces con capacidad para hacer que prevalezca la ley?
No creemos que nuestro Presidente tenga que estar pidiendo jalón, como algunos han recomendado, cada vez que tiene que ir a una Cumbre o a viajes al extranjero. Pero no debe pedirle jalón a otros colegas y menos aún hacerlo con empresarios locales que, si son inteligentes, no piden nada a cambio pero saben que se han ganado un importante derecho de picaporte simplemente por su gesto deferente con el Presidente de la República.
Quien vea en la crítica un ánimo perverso está equivocado, porque cabalmente lo que se trata de evitar es que se genere tráfico de influencias mediante ese tipo de favores. Por supuesto que como ciudadano no puede uno tragarse la patraña de que el Presidente no encontró boletos aéreos y por ello «tuvo» que usar el avión de algún amigo porque hay mejores explicaciones y argumentos que ese.
Y citamos el HLOGA aprobado por el Congreso de los Estados Unidos porque la experiencia del doctor Espada viviendo en aquel país le puede ser útil para entender que no se trata de un capricho ni de pura gana de fregarles la existencia de los periodistas guatemaltecos. Es una cuestión mundial porque aquí y en la China, los favores de ese tipo se pagan con beneficios o ventajas en la negociación con el Estado y lo que tratamos es de prevenir que al presidente Colom le pasen una factura inconveniente para él o para el país.