Pensamiento único


Basta con salir a la calle, ver la caja boba de la televisión o navegar por sitios de internet, para detectar comportamientos, hábitos, formas consumistas y comportamientos preorientados que representan los efectos sociales de la uniformidad del pensamiento. No es casual que todos aspiren a tener su perfil de feisbuk o su página personal de internet. ¿Se ha preguntado por qué los condominios habitacionales parecen tener todos la misma estructura, casitas bien apiladas que representan la apoteosis del sueño clasemediero con su respectiva garita de acceso? También hay ejemplos de homogenización a nivel global, los aeropuertos exhiben los mismos anuncios, las hamburguesas del payaso están en todos los rincones del planeta, y ahora un pollo empieza a despuntar y esparcirse a escala mundial; se ven los mismos productos de Hollywood en todo el mundo, a tal punto que las premieres se hacen coincidir tanto en el Japón como en Guatemala, está implí­cita la aspiración que debemos ser parte de algo unificado, uniformado, tenemos al mismo héroe en las pantallas y al mismo villano.

Julio Donis

Los anteriores ejemplos, en todo caso son formas mundanas y cotidianas de un comportamiento que tiene referentes especí­ficos y que responde a intencionalidades polí­ticas de orden global y que actúa allí­ donde haya consumidores y mentes dóciles. Lo que digo es que hay tendencias hacia el pensamiento uniformizado que imponen una única visión de verdad, parcializando la realidad y dejando de lado la complejidad que implica la diversidad cultural de una formación social determinada. La lógica del pensamiento único ha corrido a la par del desarrollo del capitalismo y del pensamiento hegemónico, puesto que como tal, se trata de la imposición de un conjunto de ideas que garanticen una sola noción, que implique no cuestionar lo que aparentemente «esta dado», lo que «naturalmente sucede». Esta es la maniobra fina del pensamiento único, la delicada inducción de hacer aceptar los fenómenos sociales como «naturales» es decir como inamovibles, cualquier pretensión de cambio es ilusoria, es revolucionaria, está contra el sistema, es traidora, etc. Es decir que pensar diferente la realidad puede ser interpretado como causa de amonestación y ajusticiamiento. El proceso de complejización o de crecimiento de una sociedad da por resultado diferentes formas de construcción y representación a través de imágenes, sí­mbolos, conceptos y mitos para explicar la realidad, para encontrar su lógica y para justificarla. Cuando se impone una sola forma de comprensión a través del entramado económico, polí­tico y cultural, utilizando para ello toda la maquinaria mediática, se uniformiza el pensamiento y por lo tanto se parcializa la verdad.

La acepción falazmente construida que los pobres lo son porque quieren es equivalente al prejuicio de vincular la polí­tica con la corrupción. Así­ también la idea hegemonizante del mercado como único capaz de restaurar el equilibrio social, o la conocida más mercado y menos Estado. Pero lo realmente curioso del pensamiento único, es que en su aspiración de homogenizar la realidad, radica su refutación. De tal cuenta, ¿es libre el mercado?, ¿no fue el Estado el que ayudó a las grandes empresas norteamericanas en el descalabro financiero?, ¿es la democracia un sistema polí­tico que permite la autodeterminación de los pueblos? Algunos ejemplos actuales que llevarí­an rasgos de pensamiento único también pueden ser la prejuiciosa ilegalidad del migrante o el narcotráfico como primer móvil de cualquier crimen o atentado.