Debido a la influencia que tiene en nuestra juventud el comportamiento de los atletas que en teoría son de primer nivel, como los seleccionados de fútbol, es importante comentar y criticar duramente la actitud de quienes fueron alineados el pasado sábado para jugar contra Canadá, puesto que su comportamiento deportivo constituye una afrenta a la afición y especialmente a esos niños y jóvenes que buscan figuras para emular y que no encuentran en nuestros deportistas mejor pagados un acto ejemplar.
Creemos que hará bien el entrenador de la Selección Nacional, si decide ponerle fin a su compromiso con la Federación y marcharse a otro lado, a trabajar con jugadores que tengan el temperamento y la actitud dignas de su empeño. Porque honestamente hablando, nos parece que es tirar el dinero a la basura eso de seguir gastando en un conjunto tan poco estimulante y que lejos de ser motivo de orgullo nacional se convierte en razón y causa de vergí¼enza y pena, porque eso es lo que uno siente cuando ve que quienes juegan en nombre de nuestro país lo hacen de esa forma tan lamentable.
No se puede criticar al entrenador colombiano por lo ocurrido en esta Copa de Oro, puesto que al fin y al cabo pareciera ser una simple repetición de lo que ha pasado con nuestros jugadores con cualquiera que se haga cargo de entrenarlos y dirigirlos. Evidentemente hay un problema de actitud, porque uno puede entender que un equipo pierda si sus jugadores ponen todo su empeño y son rebasados por la capacidad y habilidad de los contrarios, pero cuando simplemente se renuncia a luchar, cuando se actúa como si fueran seleccionados de un país de minusválidos mentales, lo que merecen es el repudio de la población.
Y tiempo es de que las autoridades deportivas piensen en serio en lo que es el futuro de nuestro deporte, terminando de una vez por todas con esa farsa y empezando a trabajar con nuevos elementos, con las ligas inferiores y gente del interior del país que tenga voluntad, garra y determinación. Es tiempo de pensar en un plan de largo plazo, dejando de gastar los millones que se gastan en una inútil selección mayor para invertirlo en la formación de nuevos elementos que dentro de diez o quince años puedan representarnos con mejor formación física y, sobre todo, con una actitud mental diferente, dispuestos a dar todo su empeño en las justas deportivas. No se trata de hacer leña del árbol caído, sino simplemente de enfocar la realidad porque el país entero sufre las consecuencias de esas fallas de carácter y personalidad. Se nota un espíritu anímico decaído de la población luego de ver la forma realmente chusca en que sus jugadores enfrentan los desafíos importantes y cuando hay tanta ilusión y tanta esperanza de gente que tiene toda una vida de añorar una satisfacción.