Pena de muerte es absurda en plena crisis económica


Imagen de un módulo de  inyección letal. En Estados Unidos empiezan a cuestionar el costo de la pena de muerte, sobre todo ante la actual crisis financiera. FOTO LA HORA: ARCHIVO

La pena de muerte cuesta centenares de millones de dólares a los estadounidenses, incluso cuando no termina en una ejecución, un absurdo en tiempos de crisis económica, según un informe que plantea su abolición.


«En el clima económico actual, es poco probable que una ley que instaurara la pena de muerte pasara hoy, en vista de los 25 millones de dólares que los contribuyentes deben desembolsar por ejecución», señala Richard Dieter, director del Centro de información sobre la pena de muerte (DPIC) en un informe publicado el martes.

A manera de ejemplo ante la falta de estudio exhaustivo sobre el tema, «por un solo proceso que implique la pena de muerte, el Estado debe pagar un millón de dólares más que por un proceso sin pena de muerte».

Pero luego, uno de cada tres casos termina en la pena capital en promedio, y de diez sentencias a muerte sólo una termina en ejecución.

«En resumidas cuentas, el costo para el Estado se eleva a 30 millones por ejecución», explica el estudio.

Bajo el tí­tulo «inteligencia contra el crimen», este informe es publicado una semana después de que un sondeo mostrara que el 65% de los estadounidenses eran favorables a la pena de muerte.

La pena capital es legal en 35 estados norteamericanos, pero sólo una decena la aplica. En el último invierno (boreal), su práctica fue cuestionada en 11 estados principalmente por sus costos.

En Colorado (oeste), faltó un voto para su abolición, en Connecticut (nordeste) la ley pasó pero el gobierno impuso su veto. Solo en Nuevo México (sudoeste) el castigo fue abolido en marzo.

«No hay ninguna razón para que no se discuta la pena de muerte, como cualquier otro programa que sea muy oneroso pero ineficaz», señaló Dieter, subrayando el «absurdo» de mantener un sistema cuando en la mayorí­a de estados donde en los últimos 30 años las ejecuciones se cuentan con los dedos de la mano.

«Los mismos estados que gastan millones de dólares en la pena de muerte sufren otras reducciones presupuestarias en su sistema judicial», explica.

A continuación enumera: 200 puestos de policí­as quedaron vacantes en Pensilvania (este), durante un mes se interrumpieron los procesos para ahorrar en New Hampshire (nordeste), la caí­da del 10% de los fondos judiciales en Florida (sudeste)…

Dieter descarta de plano la posibilidad de mantener la pena de muerte reduciendo sus costos: limitar los gastos durante el proceso aumentarí­a en efecto el riesgo de ejecutar a un inocente o de no tener en cuenta las circunstancias atenuantes.

Asimismo, en el fondo la pena de muerte no ha surtido el efecto disuasivo que suponí­a.

Además de haber sido abolida en las grandes democracias occidentales, en el caso de New Jersey (noreste) hubo una reducción de los homicidios desde que la pena capital fue abolida a finales de 2007.

Dieter también se apoya en un sondeo contratado por el DPCI y realizado a 500 responsables de Policí­a locales.

Según ese estudio, las autoridades pusieron a la pena de muerte en el último lugar de los instrumentos eficaces contra el crimen, y se mostraron a favor de que los recursos sean reorientados hacia programas de prevención contra la droga y el alcohol.