A medida que se consolida el proyecto del técnico chileno, el conjunto andaluz se siente más a gusto. Las capacidades de Pellegrini, unidas al dinero que puede invertir en fichajes, hacen pensar en un futuro a un Málaga muy distinto al que por historia estamos acostumbrados.
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No se hizo Roma en un día. El Málaga de Manuel Pellegrini es uno de esos equipos que necesita tiempo y paciencia para saber dónde está su techo. El Ingeniero es un amante del futbol que le gusta labrar sus equipos a su manera. Su nueva etapa en tierras malacitanas tiene más color amarillo que blanco, puesto que su etapa como entrenador del Real Madrid contrasta con la de Villarreal por la poca paciencia y confianza que Florentino Pérez depositó en las habilidades magistrales del chileno de 58 años.
El Málaga ha experimentado una trayectoria ascendente desde principio de temporada y, el pasado fin de semana, tras el empate del Valencia en el Santiago Bernabéu, alcanzó su primer gran hito en un año donde la llegada del magnate Abdullah Nasser es muy susceptible de dar un vuelco enorme a la dinámica deportiva e institucional del club malagueño.
Este primer gran hito ha sido alcanzar la tercera posición cuando faltan solo siete jornadas para la conclusión del campeonato. Este plaza le daría acceso directo a la fase de grupos de la Champions League para la próxima temporada, eximiéndose de disputar la ronda de fase previa que sí tendrá que disputar el cuarto clasificado y que sí disputaba también dos años atrás el tercer equipo de la tabla doméstica española.
Acabar el campeonato en esta posición sería un punto de inflexión muy importante para un Málaga que se erigiría como tercer equipo español solo por detrás de los dos colosos, Barcelona y Real Madrid, a los cuales se podría acercar un poco más la próxima temporada con una nueva inyección de grandes jugadores. El Málaga, además, ganaría enteros como foco de atracción de grandes estrellas, a las que ya no les echaría hacia atrás el hecho de no disputar la máxima competición europea.
UN PROYECTO DE LARGO RECORRIDO
Y es que el bloque de Pellegrini necesitaba este año de transición para consolidarse y sentar sus bases, algo que no tuvo el técnico chileno en un Madrid que le pidió resultados y títulos desde el primer día. Las prisas no son buenas a la hora de levantar grandes obras deportivas. Lo han demostrado André Villas-Boas y Luis Enrique Martínez, en el Chelsea y en la Roma respectivamente, durante el transcurso de esta temporada y lo demostró también en 2008, ni más ni menos, que el gran Barça de Pep Guardiola, que empezó el año del triplete con una derrota en Soria y cediendo un empate en casa ante el Racing.
Al principio de la segunda vuelta, los boquerones se encontraban décimos clasificados en la tabla, a diez puntos de un Valencia, tercer clasificado, al que le ha arrebatado la posición recientemente tras una racha espectacular desde que empezó 2012. Las incorporaciones más jóvenes se han ido adaptando al bloque (Joaquín, Isco, Seba Fernández, Santi Cazorla, Nacho Monreal), los que ya estaban entendiendo progresivamente el proyecto de Pellegrini (Salomón Rondón, Eliseu Pereira, Jesús Gámez, Júlio Baptista) y los más veteranos están sabiendo llevar el rumbo de una plantilla compleja y nueva a buen cauce (Duda, Ruud Van Nistelrooy, el reposicionado Martín Demichelis, el ahora lesionado Jéremy Toulalan y Enzo Maresca).
Pellegrini está gestionando de forma óptima una plantilla en la que el destacado protagonismo de Juanmi, Portillo y Recio son el reflejo de que la cantera malaguista también tiene sitio en La Rosaleda. Diego Buonanotte, Sergio Sánchez, Joris Mathijsen y el recién llegado Carlos Kameni son los únicos futbolistas pendientes de consolidación en el contexto deportivo de un Málaga que va camino de colocarse entre los mejores conjuntos europeos en los próximos años.