Otto Pérez Molina, militar retirado que ocuparía el primer lugar en las encuestas encargadas de medir la intención de voto en este país de masas, ha gastado Q33 millones en dos meses de campaña, reconoció ser financiado por las cuatro familias más poderosas de la nación, según un cable de WikiLeaks, y lo más preocupante: sostiene que en Guatemala no hubo genocidio.
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Empecemos por esto último: es difícil concebir a un candidato a la ‘presidencia’ que niega que en el país haya habido genocidio cuando el informe de la Comisión para el Esclarecimiento Histórico (CEH) es contundente en sus conclusiones al indicar que el Ejército ejecutó “actos de genocidio†contra los pueblos mayas, en el marco de las acciones contrainsurgentes. Quizá el presidenciable no ha tenido acceso a los documentos ampliamente públicos de la Comisión.
En una reciente entrevista al semanario Plaza Pública, Pérez Molina expresó: “La Comisión de Esclarecimiento Histórico no logró recoger y no dice la verdad de lo que pasó en el paísâ€. Pero además aduce que esta mintió: “Que nos demuestren por qué dicen que hubo genocidio. Yo personalmente no lo voy a aceptar porque yo sí estuve en el enfrentamiento armado internoâ€.
¿Cómo puede un hombre pretender dirigir un país y estar al frente de un Estado severamente golpeado por el Ejército (entidad a la cual pertenece), en el que las investigaciones por estos crímenes han avanzado poco y en el que el rescate de la memoria histórica se sigue escribiendo con sangre? ¿Acaso esas palabras no representan desde ya un retroceso para los derechos humanos?
El último cable de WikiLeaks, que refiere que ese candidato reconoció ser financiando por las cuatro familias más ricas de Guatemala, en realidad no reporta una “novedad políticaâ€, pero fundamenta el hecho que el partido anaranjado gaste en sólo 60 días Q 33 millones. ¿Por qué querrían los sectores más poderosos del país darle dinero a un militar que se perfila como el más cercano a la presidencia de Guatemala? La respuesta es obvia.
Ahora bien, supongamos por un momento que las masas consideraran las razones anteriormente expuestas como suficientes para no dar su voto al general de la mano dura. Esto llevaría a que (respondiendo a su condición de masa) voten (no elijan) por uno menos peor: ¿Cuáles y qué tipo de opciones tienen? Mi respuesta sigue siendo: ninguna.
El grueso de partidos políticos comparten una misma ideología y por lo tanto una misma forma de actuar y una “propuesta†que varía en su forma, mas no en su fondo.
Hoy la derecha está distribuida en nueve de los diez partidos que compiten por la presidencia. Esto se traduce (al contrario de lo que los ortodoxos puedan argumentar) en un peligro para la democracia ya que con ello se refleja el predominio de los intereses de grupos de poder antagónicos y no el del interés nacional, que es único.
Con este panorama, donde la derecha sigue buscando por muchos frentes continuar su política de reducción del Estado y con eso legitimar el sistema neoliberal, la falacia de cada gobierno seguirá siendo la misma y aunque cambien los rostros (o se disfracen de socialdemocracia) quienes detentan el poder real en Guatemala seguirán gobernando.
La papeleta está plagada de lo mismo, así que ¿por qué “adaptarse†al modelo? Votar es nuestra obligación, pero elegir es nuestro derecho.