A principios de este mes el Gobierno se vio en la necesidad de decretar Estado de Prevención con el objeto de poder, temporalmente, resolver el paro de pilotos del transporte pesado.
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Mi padre, Juan Francisco Reyes Hernández, en 1945 inició una empresa de transporte; en 1955 fue quien introdujo en Centroamérica el primer tráiler, el cual compró a Cofiño Stahl a través de su querido amigo Fernando Saravia Santolino (q.e.p.d.), gerente de ventas de esa empresa en aquella época.
A los tres años compró un tracto-camión mucho más pesado (motor gasolina), con una plataforma de doble eje, cabezal que ya no fue GMC sino DIAMON T y que le vendiera Jorge Botrán del Valle (q.e.p.d.) en la empresa miscelánea que tenía esa familia frente al mercado. Al poco tiempo cambió ese motor y le puso el primer motor diésel Cummins que se utilizó en el país, a éste continuaron una serie de cabezales con motor diésel de fábrica.
Relato estos antecedentes que evidencian que mi familia fue pionera del transporte pesado y por ello conozco a los empresarios y al personal de esa actividad.
Varias personas pidieron mi opinión en este tema en la reciente recepción que la embajada de China-Taiwán efectuara para despedir a ese gran diplomático, don Francisco Ou, que parte para hacerse cargo del Ministerio de Relaciones Exteriores de su gobierno.
Recordemos que el primer paro de transporte pesado exitoso se realizó durante el gobierno del presidente Cerezo, paro que fue pedido por CACIF cuando Edgar Haineman era presidente de la Cámara de Comercio y Juan Luis Bosch, presidente de la Cámara de Industria. El sector empresarial pidió realizar al transporte pesado -a través de mi persona- dicho paro para lograr que el gobierno demócrata cristiano de esa época renegociara la reforma de impuestos. Como le convenía a todas las cámaras, nadie lo criticó.
El siguiente paro que se trató de realizar, por parte de los empresarios del transporte pesado, para aumentar tarifas, fue durante el gobierno del que era Vicepresidente, paro que no tuvo éxito pues el respaldo no fue suficiente y el gobierno, sin recurrir al Estado de Prevención, supo legalmente manejarlo.
Después de los paros indicados, al principio del gobierno de Berger se produjo la huelga de pilotos debido a la limitación de horarios de tráfico impuesto por la Municipalidad de Guatemala; Otto Pérez Molina era comisionado presidencial, sin fundamento de ninguna naturaleza, públicamente me acusó de ser yo quien la dirigía y organizaba; por sus órdenes se capturó a seis inocentes pilotos (no beligerantes) de la empresa de la que yo había sido socio y a seis vehículos cargados que halaban tanques propiedad de la Esso y transportaban, cada uno, 10 mil galones de combustibles de avión para el aeropuerto; presionó a las autoridades para que, sin fundamento, mantuvieran a los pilotos y vehículos detenidos por varios meses. El problema se detuvo pero no se resolvió.
Como se lo manifesté a las personas que me lo preguntaron, el caso es económico y normativo, no se resuelve con un Estado de Prevención o capturas arbitrarias, eso sólo detiene la situación pero mantiene el peligro latente. En la siguiente entrega mencionaré las soluciones que les propuse a quienes me consultaron.
Continuará.