Al escribir esta opinión, me arriesgo a que algunos dolientes me mencionen a mi progenitora, pero si tienen hijos y quieren que ellos y sus nietos tengan una existencia medianamente aceptable y sin violencia armada, van regañadientes aceptar a analizar lo que aquí expongo y que doy razones valederas, dando a conocer los peligros que representa una apertura de archivos para conocer documentos clasificados secretos.
Los archivos no deben estar sujetos a la voluntad de los Presidentes para mantener su confidencialidad o la autorización de su apertura, especialmente cuando éstos contienen datos de acciones de un conflicto armado interno o una situación subversiva que se consideró en ese entonces una amenaza para el Estado.
Puede ser que la defensa del Estado ante tales ataques haya sido equivocada si ve bajo el punto de vista de hoy, pero en determinado período de tiempo en el pasado, se consideró por los gobernantes justificado y se envió a sus fuerzas de seguridad a reprimir esos movimientos y se minimizó hasta los posibles abusos cometidos por los combatientes si esto contribuía a derrotar al que era considerado su enemigo.
Una ligereza de un gobernante en hablar sobre estos tópicos, puede conducir a una negativa en el futuro a que las fuerzas de seguridad quieran tomar parte en controlar un movimiento o un levantamiento contra las instituciones del Estado, pues si hay muertos o abusos en el futuro cuando se hagan públicos los documentos donde se anotaron las acciones, pueden ser llevados a juicio.
Como ejemplo reciente se puede citar el caso de los 29 policías secuestrados, que se dejaron desarmar pues saben que de haber muertos, casi es seguro que van a parar a la cárcel, en cambio al entregarse voluntariamente a los bochincheros, tenían posibilidades de no estar sujetos a ese calvario.
En el caso de que hubieran amenazado con matarlos, pudiera ser que el grupo que se enviara al rescate de los secuestrados tampoco actuara, por los mismos motivos que se han mencionado anteriormente, y entonces se inicia un periodo de anarquía y control de áreas del país por grupos armados.
Lo que digo no es invento de una mente acalorada, sino es producto de poner bien los pies sobre la tierra, pues ya ha sucedido, como el caso del oficial Laclán Chaclán, que fue sentenciado.
Por todo lo dicho, considero que se debe evaluar bien la situación, no porque no sea justo que los familiares conozcan el paradero de sus seres queridos, sino por las repercusiones que pueden tener en el futuro inmediato.