Peliculón


Le llamaron «el operativo de Tikal Futura».  Así­ lo bautizaron los medios, así­ lo repitió la gente en las calles.  Y realmente lo parecí­a.  Como en la televisión, guardias corrí­an por todas partes, pasamontañas, armas de considerable calibre, helicópteros y nerviosismo por todos lados.  El «operativo» parecí­a, como en el cine, un film de alto valor cinematográfico, con un final casi de pelí­cula, pero… nada de eso sucedió.

Eduardo Blandón

El «operativo» fue una ópera, una de esas clásicas, una tragedia que bien pudo titularse (como aquella de Leoncavallo) I pagliacci.  Cierto, los resultados fueron lacrimógenos.  Daba ganas de llorar, tanto desparpajo reunido, mucho ruido, dicen, y pocas nueces.  Las expectativas fueron espectaculares, soldados a granel, la DEA.  La palabra «fracaso» estaba ausente del horizonte, sin duda se capturarí­a a los malhechores.

 

Pero se nos olvidó por un instante que estábamos en Guatemala.  Que los capos son invencibles y los policí­as, caricatura.  No advertimos, fruto de la emoción, por las imágenes, el cine, que aquí­ una «operación policial», es simplemente un despliegue de soldados.  «Operar», es simplemente «accionar», «moverse», «correr», sin ningún resultado más allá de extender los músculos.

 

Igual sucede cuando se habla de nuestra «inteligencia militar».  Aquí­ lo literal no funciona, se trata de inteligencia en un sentido muy metafórico.  No es «inteligir» ni  «intuir», los muchachos que «piensan» no llegan a tanto.  «El intus», de donde proviene la palabra (de aquí­ viene «intimidad»), sólo la practican cuando los genios militares tienen exacerbadas las hormonas.  Y en esa condición, tampoco piensan ni «inteligen». 

 

Quiero decir que los que montaron el show de Tikal Futura representaron una «opereta» demasiado costosa, muy vistosa, pero de poco valor artí­stico.  Y no se puede decir otra cosa cuando en medio de toda la trifulca el fin de la obra fue frustrada.  ¿Qué artista se anima a representar un final tan insulso?  Los ladrones escapan, las mafias ganan y los policí­as se marchan con la cola entre las piernas.  Para colmo de males, los jefes policiales no se aprendieron el renglón y dieron respuestas disparatadas a los periodistas.

 

Lo de Tikal Futura debe conservarse como uno de esos capí­tulos vergonzosos de la Policí­a.  Si no fuera porque al Ministro de Gobernación le queda mucho papel protagónico, uno podrí­a pensar que esto lo catapulta para la posteridad.  Y no, desgraciadamente, como un director digno de premios, sino como un novicio en el arte de lo policial.  Un muchacho con mucho ánimo, deseos de servicio y apariencia bondadosa, pero con malos créditos para las buenas historias.

 

Esto revela improvisación y falta de imaginación.  Ni siquiera acertaron a decir si el carro del buen pastor era o no blindado.  Eso sí­, se mostraron monstruos frente al indefenso, sacaron corriendo a la gente, hicieron llorar a los niños y mantuvieron el pánico por toda las avenidas cercanas del lugar.  ¿Pelí­cula?  Sí­, lo he dicho en toda la nota, pero de mal gusto.  Con razón la Policí­a y el Ejército tienen tan poca taquilla.