Como es del conocimiento público, nos aprestamos a vivir el desenlace de la conocida como mesa técnica de formación inicial docente (FID), la cual ha escuchado mediante un procedimiento que califica de “socialización” las diferentes propuestas que los interesados han hecho llegar con el fin de aportar a la denominada Reforma Magisterial.
A grandes rasgos, entiendo que la Reforma Magisterial pretende que la carrera de magisterio se amplíe a cinco años de los cuales los dos primeros serán para optar a un bachillerato en educación y los últimos tres, bajo la supervisión de la Universidad de San Carlos otorgarán a los cursantes un título universitario en educación. Por supuesto quienes se oponen tienen sus razones, sin duda la principal, la económica, en donde es evidente que ven la posibilidad de que los jóvenes que cursen magisterio no puedan ser productores y apoyar la economía del hogar sino hasta dos años después, por supuesto en relación al formato de estudios actual. Me parece en todo caso que no hay que dejar de analizar en estas posiciones encontradas, cuál es el verdadero mercado al que estos jóvenes se pueden incorporar, aquí hablamos de únicamente dos opciones: o se incorporan a la educación pública a través del Ministerio de Educación o bien se integran a la educación privada a cualquier establecimiento de ese ámbito que desee contratarlos. Desconozco las estadísticas que reflejan cuál es la proporción de graduados de magisterio que en la actualidad pueden ser incorporados al Ministerio de Educación, sin embargo por pura lógica deduzco que son muchos más aquellos que hoy se gradúan que aquellos que pueden ser absorbidos por el Ministerio, eso a pesar del evidente déficit de infraestructura educativa que tiene el país. Por aparte imagino también que para tratar de ingresar a la educación privada deben de enfrentar la competencia no solo de quienes se gradúan actualmente, sino además de los muchos que se han graduado en el pasado y que deben de enfrentar graves problemas para efecto de poder ubicar una plaza de trabajo y así poder desarrollarse profesionalmente y contribuir a su sustento o al de sus hogares. En ese panorama, se me antoja que sin duda el mejorar los conocimientos y la preparación de los futuros maestros, por supuesto sin obviar los evidentes beneficios que eso traería para los niños y para nuestro propio país, debería de ser un plan ya de por sí individual de cada estudiante para de esa cuenta poder obtener con mayor facilidad un puesto en el ámbito que desee. Sin duda el proceso será arduo, la resistencia al cambio es una de nuestras principales características como sociedad y la escasez de información en cuanto a los planes o el manipuleo político que por supuesto aquí no ha faltado, han contribuido a desdibujar una propuesta de modernización de la carrera del Magisterio que se evidencia, en principio como correcta. La aspiración de formar mejores maestros para que eduquen a una mejor sociedad.