Pekí­n, «parte de mi abanico de oportunidades»


Jionschyon Kim comparte con La Hora Deportiva uno de los momentos más felices de su vida desde la comodidad de su casa.

Para Jionschyon Kim, en la vida Dios le abre al ser humano un abanico de oportunidades, pero se debe de estar preparado para que cuando se abran las puertas, se sepan aprovechar de la mejor manera.


En la fase de selección en enero de este año a Kim le tocó de árbitro en el clasificatorio europeo a Juegos Olí­mpicos en Estambul, Turquí­a.

Y en su caso, la puerta para poder asistir como árbitro de tae kwondo se ha abierto en esta edición de los Juegos Olí­mpicos de Pekí­n 2008, tras dos intentos fallidos de selección que comenzó en 1999.

Con mucho orgullo Jionschyon ha compartido con La Hora Deportiva que no escatimará ningún esfuerzo por poner en alto el nombre de su paí­s en los Juegos Olí­mpicos, sobre todo porque se ha convertido en la primera mujer y primer árbitro guatemalteco en estar en las Justas Olí­mpicas.

¿Cómo ha sido la antesala de lo que se sucede en los Juegos Olí­mpicos de Pekí­n?

Comencé a entrenar el tae kwon do desde los siete años. En 1996 tomé el curso para ser árbitro internacional, para lo cual requerí­a una edad mí­nima de 25 años y un tercer daun en tae kwon do, eso me daba opción a ser de la categorí­a más baja de árbitros, porque lo tenemos clasificado como clase C, primera, segunda, tercera y clase B, pero yo entré directamente a ser tercera clase. Pero para Juegos Olí­mpicos seleccionan árbitros de primera y segunda clase, es decir, que deben de tener muchos años de experiencia con muchos torneos internacionales arbitrados de cierto nivel, como campeonatos mundiales para los juveniles o copas del mundo, que son los que se encuentran ubicados en el nivel número uno.

¿Es primera vez que participa en este tipo de arbitraje de Juegos Olí­mpico?

Es la primera vez, aunque no es la primera vez que estoy en un proceso de selección para árbitro de Juegos Olí­mpicos. Es el tercer proceso. En los últimos dos, o sea el de Atenas y Sidney, llegué al proceso de selección de los últimos 50 árbitros, de los cuales no pasé de los 24, porque antes la selección era de 24 ahora son de 29.

Igual me pasó en Atenas, llegue a los últimos 50 pero no pasé de los 24. Hoy ya estoy dentro de los 29.

¿Cómo se vive la experiencia?

Pues realmente muy emocionada, es poder hacer un sueño en realidad. La verdad nunca me imaginé estar en Juegos Olí­mpicos, pero cuando inicié el proceso en 1999, creo que me lo propuse como una meta, que se me grabó en la mente y corazón y comenzamos a soñar. Quiero llegar a Juegos Olí­mpicos y se habrá que hacer lo que se tenga que hacer para poder tener esa oportunidad y representar a mi paí­s. Claro los atletas son siempre los que tienen toda la atención, pues son los que llevan los logros y el reconocimiento de cada paí­s, pero participar como árbitro también es una responsabilidad de representar al paí­s, pues se puede quedar mal o bien.

¿Cómo nació la inquietud de saltar de deportista a árbitro?

Realmente nunca fui una deportistas, siempre practiqué el tae kwondo, como le decí­a desde los 7 años, pero lo empecé a practicar como arte marcial no como deporte, porque actualmente esta disciplina se divide en el deporte y arte marcial. Como arte marcial me gusta mucho, porque hay una gran variedad de cosas que uno puede hacer, por ejemplo, no es sólo de combate, que en este caso es lo que se ve en los Juegos Olí­mpicos, debido a que hay rompimientos de competencia y defensa personal. Hay otra serie de cosas que van incluidas en el tae kwondo como arte. Incluso la técnica que se utiliza en un combate de deporte, lo que se busca es hacer puntos y no es la misma técnica más artí­stica o patadas con mayor grado de dificultad las que se ejecutan, pues son las que dan puntos. Cuando hay patadas dobles, saltando, dando vueltas giratorias que no podrí­an ser utilizadas en combate porque se perderí­a tiempo para hacer puntos.

¿Entonces, cómo fue que se dio este cambio?

Tuve la oportunidad de arbitrar en un campeonato centroamericano, más o menos en el año 93, cuando vinieron algunas personas de Centroamérica y del Caribe. En esa época mi hermano ya era árbitro de tae kwondo, vinieron sus amigos, conocí­ a gente de diferentes lugares del mundo. Estuve participé en un Centroamericano y del Caribe en Puerto Rico y en Mar de Plata. Nació porque me gusta mucho la posibilidad de poder viajar, de conocer personas de otros lados, de su cultura, esa creó la chispa que encendió la llama de poder ser árbitro. No era la adrenalina, no necesito la adrenalina de estar en un combate, porque en un momento determinado como deportistas se necesita esa adrenalina, fue el deseo de poder viajar.

¿Y China sí­ que está tan lejos, pensó en llegar tan lejos en su proyecto?

Realmente no, me gusta mucho viajar y el árbitraje me ha dado esa oportunidad, de hacerlo alrededor del mundo. De tener muy buenos amigos, de diferentes partes de la tierra, de poder sentarnos a una mesa y compartir con diferentes personas de diferentes profesiones o amigos que sólo se dedican al tae kwondo, el compartir con sus culturas y o asuntos de familia, es realmente enriquecedor.

¿En el campo del tae kwondo es la primera vez que alguna mujer representa en el plano internacional a su paí­s?

En los Juegos Olí­mpicos sí­. En el Comité Olí­mpico Guatemalteco hay algunas personas que me lanzan bromas y que dicen, bueno eres el primer árbitro de tae kwondo en Juegos Olí­mpicos y la primera mujer, lo cual me hace sentir muy orgullosa.

¿Entonces, doble celebración?

Si. Me desenvuelvo en un mundo machista, no creo en el machismo pero lo miro. La ventaja que tenemos es la obligatoriedad que ha abierto el Comité Olí­mpico, a que el 20 por ciento de porcentaje de mujeres deben de competir en todas las actividades avalados por el COI. Esta es una de las puertas que se me han abierto para poder estar dentro de ese 20 o 30 por ciento.

Por ejemplo, para los Juegos de Sindney, en tae kwondo fueron nada más dos mujeres, para Atenas aumentó a cuatro y dijeron que para China serí­amos cuatro, y era complicado porque de la región de América habí­amos cinco mujeres, más siete de otras partes del globo, y habí­a que sacar a cuatro de los 58 últimos restantes del proceso de selección.

¿Cómo ha sido todo el trayecto del campo de la preparación de la selección?

Ha requerido mucho tiempo y esfuerzo. Primero que todo le doy gracias a Dios, porque í‰l es el que abre las oportunidades, pero también creo que nosotros debemos de estar preparados para que cuando í‰l abra esas puertas, podamos aprovecharlas de la mejor manera. El porcentaje a esa apertura para las mujeres, el poder estar preparado, es un valor agregado a poder tomar las oportunidades, porque Dios nos da un abanico de oportunidades y tenemos que estar preparados para aprovecharlas. Aunque soñaba con ir a Juegos Olí­mpicos, creo que el trabajo se tiene que hacer bien hecho, independientemente donde se encuentre, posiblemente le reconozcan a uno el trabajo o no, pero a lo largo esto viene a ser el resultado de once años de arbitraje, del desempeño, del conocimiento al reglamento. Si esta es la oportunidad, hay que aprovecharla porque cuántos de nosotros, de los 3 mil 500 árbitros de todo el mundo así­ lo desean.