China sigue muy de cerca la campaña para la elección presidencial estadounidense y, cualquiera que sea el vencedor del duelo entre el demócrata Barack Obama y el republicano John McCain, desea ante todo preservar la estabilidad de su relación con Washington.
Amplia cobertura en la prensa, publicación de libros sobre el tema e incluso sondeos por internet: el seguimiento de la carrera hacia la Casa Blanca es importante en un país a la vez impresionado por el poderío de Estados Unidos e irritado por sus eternas amonestaciones sobre el excedente comercial chino, la evaluación del yuan o los derechos humanos.
Como en otros países, los medios chinos se interesan más por el «fenómeno» Obama que por la campaña de McCain, con cierta curiosidad por ver eventualmente la llegada al poder de un presidente negro en Washington.
Pero cualquiera que sea el vencedor de la elección del 4 de noviembre, China, cuyos dirigentes hacen de la palabra «armonía» un lugar común de todos los discursos, desea ante todo mantener una relación sin sobresaltos con Estados Unidos.
«La prioridad es sin duda la estabilización, una solución a la crisis financiera y económica que pesa directamente sobre el crecimiento chino y, en la medida de lo posible, cierta neutralidad benevolente ante las ambiciones chinas en Asia», opinó Valerie Niquet, directora del centro Asia del Instituto Frances de Relaciones Internacionales (IFRI).
Obama podría tener cierta preferencia porque «se le percibe como más abierto hacia China y Asia» y sus consejeros «tienen fama de ser más favorables a una política activa hacia Pekín», dijo.
Pero en el Instituto de Relaciones Internacionales de la Universidad de Pekín, el profesor Jia Qingguo, estima por el contrario que Pekín vería con mejores ojos la permanencia en el poder de los republicanos.
Tradicionalmente, estima, «cuando llega al poder, la oposición procede a cambios en política exterior, incluido con China, lo que provoca incertidumbre», afirmó.
«Cada vez que hubo un cambio de administración, hubo un período de fricción entre China y Estados Unidos de más o menos dos años antes que la relación bilateral recobra su ritmo normal», agregó.
Con los republicanos, «Pekín está en terreno conocido», explicó así mismo Stephanie Balme, del Centro de Investicación y Estudios Internacionales (CERI) del Instituto de ciencias políticas de París.
«Se conoce su discurso en los temas de la economía y los derechos humanos», mientras que con Obama, «se puede temer que el discurso sobre los derechos humanos sea más duro», opinó.
Según la revista de la Cámara de comercio estadounidense en China, las políticas hacia China de ambos candidatos son muy similares: Pekín deberá esforzarse en sus prácticas comerciales, en la reevaluación de su moneda, en la transparencia de su presupuesto militar y se espera mayor apoyo de su parte en los temas de Darfur, Irán y el cambio climático.
Pero Barack Obama insiste más en los derechos humanos que McCain, y menciona el Tíbet, lo que no hace el republicano.
Por otra parte Pekín teme que McCain se involucre más en el delicado tema de Taiwán, aunque tal como hizo este, Obama también apoyó la reanudación de la venta de armas estadounidenses a Taipei suspendidas hace un año.