El concepto de trabajo es tan relativo como muchas cosas de la vida. Un trabajador puede sentirse respecto a otro, por ejemplo, como el más venturoso o infeliz de todos los tiempos. Todo depende de cómo se vea la propia existencia. Y es que si uno se aísla sin poder contrastar lo singular, se corre el riesgo de vivir en una especie de encantamiento que sería todo, menos la realidad.
Eso es fácilmente perceptible ahora que el presidente del Congreso, Pedro Muadi Menéndez, ha considerado que los empleados de su institución, los Diputados de la República, han trabajado demasiado y se da por satisfecho por la labor cumplida. Sin duda su vivencia obrera es la de un hombre sacrificado y se siente feliz y contento.
Psicológicamente los Diputados deben sentirse abrumados por la carga laboral. Y uno supone jocosamente que debe ser cansado pasar horas eternas en reuniones inútiles, comiendo gratuitamente (y sabroso), jugando con el iPad y chateando con alguna –o algún- admirador o admiradora a quien se juega cazar. Apuesto que llegan rendidos a sus casas, exigiendo de sus parejas comprensión por tan extenuado día.
Nada parecido a la vida que llevamos la mayoría de guatemaltecos angustiados por llegar puntualmente al trabajo, embarcados en prolongadas y complicadas tareas laborales y pidiéndole a Dios que llegue el último día del mes para recibir el exiguo cheque que permita sobrevivir. Esto no se parece en nada a la opípara vida de los agotados senadores de nuestro país.
Pero aún la situación de muchos guatemaltecos es distinta a la de otros. Hay quienes tienen trabajo y otros no. Hay algunos abrumados en oficinas, otros atareados en el tráfico, y muchos también ardiendo bajo el sol. Unos ponen su esfuerzo usando su cerebro, otros ejercitando más las manos y los músculos. Hay trabajos y trabajos. Hay labores dignas y otras que rayan en el aburrimiento y la semi-esclavitud.
Con todo, eso que Pedro Muadi llama trabajo extenuante no es sino poesía de poca monta. Y es extraño que no comprenda el líder del Congreso el concepto de trabajo, dado que viene, dicen, del sector empresarial. Sorprende que un ingeniero químico, profesional de la Administración de Empresas, graduado de la Universidad del Valle de Guatemala y la Francisco Marroquín, llame trabajo a la vagabundería del hemiciclo.
La página del Congreso dice que “Muadi rompe su récord empresarial y pasa al sector público como Presidente del Legislativo, con el único propósito de brindar su mejor aporte a Guatemala, tomando esta etapa de su vida para servir a la patria, instando a la población a participar activamente en un esfuerzo colectivo por renovar el país”.
Creo que habría sido mejor que no rompiera su “récord empresarial” para quedarse de holgazán en otro lado. Nos hubiera ahorrado un sueldo y la pena de soportar sus rebuznos defensores de la fatiga burocrática.