Pedirle a la OEA es pedir peras al olmo


Oscar-Clemente-Marroquin

Ayer vino el subsecretario general de la OEA a Guatemala, justo cuando los beliceños repitieron la prueba de fuerza que acostumbran cuando hay cambio de gobierno para pulsear el talante de las nuevas autoridades y lo hacen matando a un guatemalteco en la frontera. El presidente Otto Pérez recibió al burócrata internacional y le pidió que la organización investigue los hechos para evitar que vuelva a ocurrir un incidente similar en perjuicio de los connacionales.

Oscar Clemente Marroquín
ocmarroq@lahora.com.gt

 


El mismo Pérez Molina declaró que los beliceños no cumplieron con retirar los destacamentos militares de la zona de adyacencia como se había acordado y atribuyó el crimen a esa situación. Guatemala, para variar, cumplió con las reglas de juego y retiró sus destacamentos, lo que ha servido para que nuevamente nos vean la cara de babosos.
 
 Pero lo peor de todo es confiar en esa entidad inútil, manipulada y corrupta que es la Organización de Estados Americanos que es la que, precisamente, tiene un papel fundamental en el proceso para buscar la solución al diferendo territorial. Yo creo que si en algo ha tenido harta razón Hugo Chávez es en las críticas a una entidad que desnaturalizó por completo sus funciones porque no es más que la caja de resonancia de órdenes que nada tienen que ver con el interés de los países miembros, especialmente de los latinoamericanos.
 
 Baste ver la indiferencia del sistema interamericano ahora que Gran Bretaña comete un burdo acto de provocación enviando al nieto de la reina a participar en juegos bélicos en las islas Malvinas y no hay ni una protesta de la Organización de Estados Americanos ante la agresión contra uno de sus estados miembros. Dios libre al señor insulzo de actuar en defensa de los intereses de uno de los Estados americanos si ello puede causar el menor signo de molestia con quienes han decidido durante años, por sí y ante sí, el curso de las relaciones multilaterales en el continente. Desde la cumbre de Montevideo, a principios de los años sesenta, fue evidente que la OEA sirve fines contrarios a los regionales y lo mismo ha sucedido siempre en el curso de la disputa de Guatemala con la Gran Bretaña y de la disputa de Argentina con la misma pérfida Albión.
 
 Si los países de América no entienden el papel de la Organización de Estados Americanos y lo repudian, en poco tiempo Chávez se va a apuntar un éxito diplomático porque ya veremos cómo en la cauda de la indiferencia ante la agresión y provocación que está sufriendo Argentina en estos días, se irán fortaleciendo alternativas de integración regional que terminen por sepultar a la inútil OEA. Y es que si bien el papel abyecto de la entidad viene casi desde sus orígenes, seguramente no ha tenido una dirigencia más vergonzante que la actual, con verdaderos lacayos incapaces de entender el rol que tiene que jugar una entidad que aglutina a todos los países de un continente para la defensa de sus intereses, pero no para que sean siempre tratados como el eterno traspatio de una potencia que le paga al final de cuentas a esa costosa e inútil burocracia.
 
 Para la OEA entretener la nigua es un gran negocio porque mientras subsistan y se alarguen los problemas, la burocracia tiene asegurado su puesto y su sueldo. Por ello es que siempre piden paciencia, siempre dan largas a los temas, salvo cuando se trata de acatar instrucciones precisas. Eso no es una Organización de Estados Americanos, sino un foro de corruptos en representación de regímenes igualmente corruptos para defender intereses ajenos a los pueblos de la región.