Durante la campaña electoral en Estados Unidos, el hoy presidente Barack Obama manifestó que en su gestión de gobierno revisaría el Tratado de Libre Comercio existente entre su país y México. Los motivos eran recuperar y modificar condiciones para garantizarles a los ciudadanos norteamericanos mayores y mejores oportunidades de trabajo y por supuesto aumentar la capacidad de exportación de sus productos hacia México. La actual política norteamericana es detener y no suscribir nuevos tratados de libre comercio.
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No hace mucho, el Comité Coordinador de Asociaciones Industriales, Comerciales, Agrícolas y Financieras, CACIF, en campo pagado señaló que no consideraba conveniente la suscripción de tratados de libre comercio con Colombia, Perú y Chile. Obviamente, su preocupación y su oposición se fundamenta en la gran diferencia que existe en la balanza de importaciones y exportaciones con esos países lo que cualquier persona puede comprobar en la página de Internet del Banco de Guatemala, donde se evidencia que el intercambio cada día es más favorable para esos países y más desfavorable para Guatemala y Centroamérica.
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La crisis económica mundial ha provocado que en los Estados Unidos exista un desempleo de tres millones 300 mil de trabajadores, estimándose esta semana que al final del año podría llegarse a cuatro millones de desempleados.
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España tiene en este momento el nivel de desempleo más alto de los últimos 25 años, y a pesar de los enormes esfuerzos de inversión pública, se considera que el desempleo continuará en aumento durante todo el año 2009, pudiendo mantenerse en el 2010 e inclusive en el 2011.
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En base a todos los hechos reales de público conocimiento, cómo es que la Comisión de Economía del Congreso que preside el diputado Mariano Rayo, del Partido Unionista, continúa aprobando y proponiendo que se conozca por el pleno del Congreso la aprobación de tratados con Colombia, Perú y Chile si las circunstancias económicas y laborales, en lugar de mejorar, se han deteriorado.
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Que los embajadores de estos países aboguen por la aprobación de tratados de libre comercio es su obligación, pero que se diga que las economías de Perú y Guatemala son complementarias no es cierto. Lo correcto sería decir que son muy parecidas, producen azúcar y banano. Por consiguiente, estos dos productos tradicionales, Guatemala no se los puede exportar.
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Que el embajador de Chile diga que la vigencia de un acuerdo comercial Chile-Guatemala aumentará las inversiones de empresarios chilenos es un argumento que valdría la pena se respaldara con propuestas concretas. ¿Qué empresarios, en qué áreas y montos se garantiza la inversión? No demostrarlo evidencia la falacia.
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En el Congreso de la República, los 158 diputados no pueden dejar de analizar, de evaluar las cifras que históricamente nos señalan la balanza de importaciones y exportaciones. Si Guatemala fuera un país donde las exportaciones al mundo superaran las importaciones, podríamos esperar de buena fe que en el futuro se materializara que las exportaciones a Colombia, Perú y Chile fueran equivalentes, pero no siendo esta la circunstancia, los diputados deben analizar y pensar en el bien de los miles de miles de trabajadores guatemaltecos que se verían desplazados por los productos que vendrían de Suramérica, los que además estarían exentos del pago de impuestos de importación, aspecto que actualmente no están, y afectarían la recaudación de impuestos. Los diputados no se pueden dormir, ni aceptar suscribir los tratados  que en otras circunstancias Centroamérica suscribió, hacerlo sería pecar de majes.