Paz, no a la violencia


Uno de los ya muchos intentos con miras a que la paz sea realidad, y un no rotundo a la violencia, hizo acto de presencia en importantes y estratégicos sectores capitalinos. Devino de la marcha multitudinaria del sábado 10 que culminó en la Plaza de la Constitución y frente a Catedral Metropolitana en horas vespertinas.

Juan de Dios Rojas
jddrojas@yahoo.com

Su organización y a la vez coordinación estuvo a cargo de la Iglesia Católica y sus jerarcas, a la cabeza el Arzobispo Cardenal Rodolfo Quezada Toruño. Desde diversos puntos citadinos tuvo partida, en forma ordenada y a la vez coordinada. Pechos henchidos de fortaleza y buena voluntad se apoderan en estos casos.

Dirí­ase que tanto en los rostros animados de esperanza, voces llenas de anhelo y confianza, como en pancartas y pequeños carteles portados firmemente llevaron esa temática de Paz, no a la violencia. Conforma el ferviente deseo y anhelo del colectivo a ojos visto, años ha sin resultados tangibles imbuidos de inquietud.

A la distancia de haberse firmado la Paz, resulta que arribamos a considerable tiempo, no obstante conforma solamente el silencio de las armas. Afirmación concreta, lejos de significar crí­ticas sistemáticas, habida cuenta del estado de cosas prevaleciente, sin hechos inscritos en las respuestas del caso, necesarias y urgentes.

Es plausible la decisión de la Iglesia Católica, traducida en la marcha en mención. Resta de consiguiente llevar a cabo el seguimiento indispensable que tendrá indicadores de mayor fortalecimiento. Importa sobremanera una respuesta firme y duradera de la población, capaz de apuntalar el objetivo primordial de una animación mejor.

Cuando se toca un tema escabroso de tal í­ndole merece analizar bien sus diversos componentes. Y sobre todo, una participación plural en el amplio sentido del término. Para el efecto, deberá alguna vez no tan lejana de involucrar a todos los sectores de la llamada sociedad civil, bajo el señalamiento que la unión hace la fuerza.

Constituye otra verdad del tamaño de Catedral que mediante un bloque colosal demostrará y convencerá a quienes aún dudan, que la fe mueve montañas. Quienes desde lejos accionan bajo presiones de alto impacto los impedimentos al respeto de tan deseables dimensiones, podrán deponer su posición ante el pueblo unido «jamás será vencido».

Solamente bajo el ambiente de una paz sostenible y duradera, según cantaleta sin realidad, Guatemala podrá salir avante. Mientras excitan diferencias dañinas y de orden abismal, nada significará avance y desarrollo, al amparo del ambiente pertinente y anhelado. Hoy en dí­a continuamos en enormes expectativas.

íšnicamente a la sombra de un entorno saturado de paz y tranquilidad, los pueblos triunfan solidarios y mancomunados ante propios y extraños. Guatemala es digna de vivir en medio del respeto mutuo de todos sus hijos, tratados en forma fraterna. Con esas garantí­as esenciales, auténticos cimientos firmes, lo demás vendrá por añadidura.

Cierto es que en la actualidad la anuencia de paz gravita sobre el mundo entero, deparando situaciones calcadas en la violencia y similares condiciones adversas. Enfrentamientos diversos y perjudiciales, guerras absurdas son el pan de cada dí­a.

Pero eso no viene a ser ningún consuelo, tampoco conformidad. Para que la paz impere en nuestro territorio y la violencia vuelva a deponer su rostro fatí­dico que tantí­simo deterioro causa, entonces la fisonomí­a tendrá un perfil de felicidad. Condición que amerita obtener mediante la cooperación de todos. Manos a la obra.