Al enterarme de la conducta extravagante de la mayoría de los diputados al Congreso de la República, tengo la impresión que la actual legislatura es la más chabacana que los guatemaltecos han elegido desde hace décadas.
En primer lugar, el desvalido Presidente del Parlamento no ha sido capaz de dirigir las sesiones plenarias, y eso que ha tenido la fortuna de que los sacrificados padres de la patria han holgado 58 días desde que comenzaron a calentar con sus blandos glúteos los asientos donde descansan sus posaderas, especialmente a causa de la extenuante y estéril interpelación a la que se ha sometido al exhausto Ministro de Finanzas, lo que ha detenido la agenda legislativa y sometido a un embrollo legal a todas las bancadas.
Lo único que ha logrado hacer ese dignatario es proceder con desplantes propios de un muchacho caprichoso al ordenar a sus acólitos del partido oficial que rompan el quórum, para evitar que prosiga el interrogatorio al titular de la cartera del Tesoro, por falta de habilidad política que permita lograr consensos entre los distintos bloques.
Como un fiel reflejo de la ausencia de decoro en el recinto parlamentario, los diarios impresos publicaron ayer fotografías que muestran a diputados autodenominados “independientes” enfundados en ridículas chaquetas moradas, ante la sonrisa cómplice o burlona de otros diputados ociosos. ¡A la gran pu…ñalada que le ensartan a sus electores esos payados devenidos en parlamentarios de opereta!
Otro ingenioso legislador propone que se regulen los sueldos de ministros de Estado, magistrados de las Cortes y de otros funcionarios de diferentes instituciones estatales, en el sentido de que no sean ellos mismos los que decidan sus aumentos salariales y que en lo futuro ya no cobren dietas al participar en reuniones o sesiones que son de su competencia por los cargos que desempeñan.
Naturalmente que la propuesta es correcta, pero el pelo está escondido en la suculenta sopa del intrépido diputado ponente, puesto en el paquete que plantea que incluye un ligero aumento de Q10 mil a los abnegados parlamentarios rasos, que devengarían Q40 mil mensuales, excepto los miembros de la Junta Directiva del Congreso cuyos sueldos se duplicarían.
A la humorada de ese diputado, la payasada de los “independientes”, los desplantes e incapacidad del Presidente del Congreso y el desorden imperante en el hemiciclo se suma una disparatada iniciativa de otros congresistas de la despistada oposición, al proponer con lujo de demagogia que se elimine el Impuesto al Valor Agregado a diez productos que conforman la Canasta Básica, “para beneficiar a los sectores populares” entre los cuales se incluye el frijol, las tortillas y otros artículos que se expenden en locales sencillos y mercados cantonales.
Solo falta que esos desatinados legisladores incluyan que se exonere del IVA la compraventa de repollos, rábanos, papas, pimienta, perejil, ruda, cilantro y demás vegetales, especias y condimentos, como condición para suspender la interpelación al agotado Ministro de Finanzas, lo que huele a despreciable chantaje, ante la paciencia o indiferencia de los guatemaltecos que siguen confiando en un sistema que los políticos tienen la desfachatez de denominar democrático representativo.
¡¿Qué hacen los pocos legisladores decentes -que los hay- para evitar tanta chocantería?!
(El activista político Romualdo Tishudo le pregunta a un congresista -¿A qué se dedicaba antes de ser diputado? -Era enlace externo avanzado en logística de documentos. -¡Ah!… mensajero con moto).