Pavoroso descubrimiento


En todo tiempo y lugar surgen tenebrosos personajes que se creen superiores a Dios y que pueden jugar con la vida humana de variadas formas. Algunos de éstos son «cientí­ficos» que experimentan con seres humanos y se consideraba que el más macabro comportamiento en ese sentido habí­a sido el de los médicos nazis, quienes realizaron pruebas genéticas utilizando a los reclusos de los campos de concentración como conejillos de Indias.


Sin embargo, mientras en Europa esos «cientí­ficos» eran juzgados por los Tribunales de Guerra, en Estados Unidos se realizaban trabajos similares y en el curso de una investigación sobre excesos con población negra, encontraron documentos en los que se evidencia que con el patrocinio de la Oficina Sanitaria Panamericana, se realizaron estudios sobre enfermedades venéreas contagiando deliberadamente a guatemaltecos para probar el efecto de tratamientos con base en antibióticos.

Obviamente la responsabilidad norteamericana es enorme, pero también lo es la de los guatemaltecos, cualesquiera que hayan sido, que en el gobierno de Arévalo pudieron dar su visto bueno. Siendo el caso de que la población escogida para ser contagiada estaba compuesta por enfermos mentales recluidos en el manicomio, soldados y presos, al menos los ministerios de Salud, Gobernación y Defensa, más la Jefatura de las Fuerzas Armadas de la época, debieron tener conocimiento del asunto.

Algunos en Guatemala empiezan a hablar de resarcimiento económico por el daño y se tiran cifras al aire para tasar el daño infligido. Honestamente creemos que a partir de ese macabro hallazgo, procede que Guatemala y Estados Unidos promuevan en la Organización de Naciones Unidas reglas contundentes, claras y precisas, a fin de impedir que se vuelva a repetir tamaña atrocidad en algún lugar del mundo.

El daño causado no se compensa económicamente, puesto que las ví­ctimas seguramente todas hayan muerto y en el remoto caso de que pudieran ser identificados todos los pacientes «usados» en el experimento, el dinero será pobre consuelo. En cambio, usar el caso de Guatemala como un precedente para evidenciar ante la comunidad internacional que aún los paí­ses más civilizados del mundo han incurrido en excesos derivados de esos individuos que se creen superiores a Dios, puede servir para poner un definitivo final a prácticas aberrantes que no pueden ser toleradas.

Pero hay que establecer si los experimentos se hicieron a espaldas de las autoridades y hasta qué nivel llegó el consentimiento. Mal hecho por los norteamericanos, sin duda alguna y por ello el perdón pedido ayer, pero no olvidemos que hubo una contrapartida local, de alguna manera, que avaló y permitió usar a guatemaltecos en experimentos cientí­ficos que les contagiaron de enfermedades mortales.