En su discurso en el parlamento previo a que los diputados voten entre los dos candidatos a presidente, López prometió que su ejecutivo apoyará la pluralidad en el País Vasco y dijo que buscará el fin de la violencia de ETA.
«La Euskadi (País Vasco en lengua vasca) que quiero liderar es la que suma fuerzas políticas y sociales, la que suma sentimientos de identidad, mundos lingí¼ísticos y culturales, tradiciones y sensibilidades distintas», declaró.
El otro candidato es el presidente saliente, Juan José Ibarretxe, del Partido Nacionalista Vasco (PNV, moderado), en el cargo desde 1999.
Se espera que López consiga la mayoría absoluta con los votos de los parlamentarios socialistas (25), los conservadores del Partido Popular (PP, 13) y la formación antinacionalista UPyD (1), por lo que se convertiría en el primer presidente vasco de un partido no nacionalista.
El PNV lleva en el gobierno tres décadas, desde que en 1979 se adoptó el estatuto de autonomía que detalla las competencias del gobierno regional.
Este partido ganó las elecciones regionales del 1 de marzo y obtuvo 30 escaños, cinco más que los socialistas, pero su formación y las demás fuerzas nacionalistas, las únicas que apoyan su candidatura a la presidencia, no reúnen una mayoría de votos.
El Partido Socialista de Euskadi (PSE) y los conservadores del Partido Popular (PP) llegaron a un acuerdo hace un mes por el cual, además del compromiso del segundo de votar a López, se comprometen a poner en marcha un «cambio» respecto a la política nacionalista, que consideran demasiado centrada en reforzar la identidad vasca y conseguir el autogobierno.
López detalló este martes otros puntos en los que ambos partidos se han comprometido: reforzar la lucha contra la organización independentista armada vasca ETA, la libre utilización de la lengua española y la vasca y el mantenimiento de las competencias de la administración regional, detalladas en el estatuto de Gernika, frente a los dos proyectos de autodeterminación presentados por Ibarretxe durante sus mandatos.
Sobre ETA, autora de 825 asesinatos en 40 años de violencia para pedir la independencia de la región, López llamó a «terminar» con ella, ya que «obliga a muchos sectores a vivir protegidos frente a la amenaza terrorista».
ETA «tiene ya sólo un destino: poner fin a su barbarie (…) incondicionalmente»; ya que «ha desaprovechado las oportunidades que la democracia le ha ofrecido», manifestó, en una jornada en que la policía regional movilizó a 8.000 efectivos por riesgo de atentado.
«Seré un lehendakari (presidente en vasco) que siempre estaré día a día frente a ETA», prometió.
El candidato nacionalista, por su parte, tachó el futuro nuevo gobierno socialista de «débil» y reiteró el proyecto de su partido de «profundizar el autogobierno».
Asimismo criticó la composición del nuevo parlamento, que por primera vez no acoge a diputados de partidos independentistas que no condenan a ETA por haberlos ilegalizado la justicia española. Estos permitieron anteriormente la elección de Ibarretxe.
La nueva cámara vasca «no refleja la mayoría política de este país, que sigue siendo abertzale» (nacionalista), lamentó.
Patxi López, de 49 años, llamado a convertirse hoy en el primer presidente del gobierno vasco no nacionalista en 30 años, es un socialista comprometido desde pequeño, como buen hijo de un dirigente del partido curtido en el núcleo obrero del País Vasco (norte de España).
Nacido en Portugalete, en las afueras obreras de Bilbao (provincia de Vizcaya) el 4 de octubre de 1959, López es hijo de Eduardo López Albizu, que fue presidente provincial del Partido Socialista de Euskadi (PSE).
Que respiró el socialismo desde la cuna lo atestigua su entrada en las juventudes socialistas vascas a los 16 años y en el PSE a los 18. Se convirtió en secretario general de las juventudes vascas a los 26, es diputado vasco desde los 32 y fue diputado nacional a los 29 (1988-1990).
«Probablemente lo que más marcó mi infancia fue el ejemplo de lucha por la libertad de mis padres en la España de la dictadura», durante la cual pasaron un tiempo desterrados en el sur de España, relata en su blog, en el que también recuerda los registros de su casa por parte de la policía.
López, que es secretario general del PSE desde 2002 y dejó los estudios de ingeniería para dedicarse a la política, es socialista convencido, vasco y español y defensor de la pluralidad en su región.
Este martes dijo defender «un país que no clasifique a las personas por su procedencia, por sus apellidos -los suyos, López Alvarez, son de origen castellano-, por la lengua en la que hablan -no domina totalmente el vasco o euskera-, el partido en el que militan o la iglesia a la que acuden», en referencia a la tendencia nacionalista con la que quiere acabar.
El previsible nuevo presidente vasco, que se autodefine como «tímido», es un hombre moderno y moderado, apasionado de la música y amante de la fotografía que comparte compromiso político con su esposa, Begoña Gil, concejal socialista vasca con la que reside en Bilbao.